Editorial
"Debería estar prohibido"
Recientemente leo en una revista los resultados de una encuesta realizada por una aseguradora a cuento de nada. “El 80% de los encuestados prohibiría fumar en los coches” –mientras se conduce, entiendo-.
Da tanta risa como pena.
Esta claro que algunos ciudadanos tienen severos problemas a la hora de ejercer responsablemente su libertad, y precisan de normas, leyes y órdenes que les digan lo que se puede hacer y lo que no. Como niños pequeños. Y subnormales.
Vamos a ver, si no quieres fumar en el coche, no fumes.
¿Y si “un loco” viene con su pitillazo fuma que te fuma y se salta la mediana y mata a toda mi familia? Ya, claro, ¿Y si viene haciendo calceta? ¿O ajustándose el nudo de la corbata? Todo son distracciones, y contra ellas se ha de concienciar a los conductores, y ellos, o nosotros mejor dicho, hemos de elegir qué hacer o no por nuestra seguridad.
No obstante, mucho me temo que a tenor del porcentaje favorable de dicho informe… un 80% de la población necesitaría que prohibieran los enchufes para no meter los dedos en ellos.
También existe otra vertiente, que es la de pedir que prohíban lo que nos molesta. Lo que se conoce como “Prohibir x Joder”.
Esto viene dado porque nos fastidia el uso que de su libertad hacen algunas personas de nuestro entorno, básicamente por envidia, mala leche o porque “de refilón puede-llegar-a-molestarnos-el-acto-en-sí”.
Para aclarar el concepto mencionaré un ejemplo que vi en la tele hace pocas fechas: en un programa pseudoinformativo del palo de “Madrid Directo”, “España Directo” o “Torremocha Directo” una señora entrada en carnes y años suplicaba que prohibieran a los chiquillos saltar desde las rocas al agua del mar. Y ni la roca, ni el mar, ni los chiquillos eran suyos, pero estaba dispuesta a legislar de oficio, la buena ciudadana, “por su bien”, claro.
En realidad, a menos que un chaval erre el salto y le caiga encima, poca molestia para ella representa el acto. ¿Que cualquier día de estos uno se deja los dientes en el fondo marino? Seguro, pero es que el “libre albedrío” también contempla hacerse pupa por gilipollas. Allá cada cuál. Al fin y al cabo, se trata de una cuestión de educación.
Que no abunda claro, y ese es el problema. Mejor que no nos dejen hacer algo que aprender porqué no se debe hacer.
Pero si nos ponemos a prohibir por capricho y molestia yo pido la vez, en mi terreno.
Quiero que prohíban la Ssanyong Rodius, el Audi Q7 y el Smart, y que encarcelen al diseñador de cada uno de ellos.
Prohibido circular por el carril izquierdo de las autopistas a coches con menos de 150CV, furgonetas de reparto, monovolúmenes y taxistas.
10 años de trabajos forzados para el que adelante sin dar el intermitente.
Terminantemente prohibido el uso de las luces de día, pues disminuyen nuestra agudeza visual.
Se les retirará el carnet de conducir a todos aquellos que desconozcan el par motor de su coche, diámetro de sus discos de freno y cilindrada exacta.
Al que pite por capricho, se le dará una colleja.
Los baches, badenes y resaltos en la vía quedan absolutamente censurados.
Prohibido el tráfico de camiones durante el día y tres cuartas partes de la noche.
Asimismo, prohibido escuchar regatón en el interior del coche con las ventanillas bajadas. Cartilla de racionamiento para discos de Camela y Los del Río.
Prohibido el anuncio del Smart Pen / Fix it de teletienda que repara los rayones, por estafa manifiesta. De haber existido dicha ley en su contra nunca habría tirado los 29,95 eurazos que me costó. Necesito ya una norma que me haga menos imbécil, como veis.
Prohibido conducir con uñas postizas, peluquín y barba de dos días.
Prohibido el tuning, el toñing y el moñing.
No estará permitido circular con el coche sucio ni con tapacubos de todo a cien.
Prohibidos los peajes y arresto domiciliario a todo aquel que aparque pisando la raya.
…
¡Prohibido todo de todos los que no sean yo!
Quizá el 90% del 80% que votó prohibir fumar en el coche ahora me quieran prohibir a mí existir. Sin embargo yo a ellos les deseo salud y libertad, ejercida siempre con responsabilidad. Porque prohibir a la ligera… debería estar prohibido.
"Privado de Sentido"
Si no fuera porque me preocupa bastante me divertiría mucho con determinados despropósitos gubernamentales. Sobre todo el asunto de las privatizaciones por Decreto y casi en secreto, es decir, mientras la opinión pública se zampa un sabroso hueso mirando hacia otro lado.
Ahora se está dando con el asunto de los Controladores Aéreos (sí, con mayúsculas, por respeto), demonizados y linchados hasta la extenuación en todo foro público para camuflar la privatización y venta de su sector. Un sector estratégico, por cierto. La jugada del ministro josé blanco (sí, con minúscula, por asco) es profundamente ruin y rastrera, y el aplauso que encuentra en determinados medios –tan necesitados de subvención gubernamental en estos malos tiempos- censurable e irresponsable.
Pero la cosa no acaba ahí. Antes de que acabe la legislatura nos quedaremos sin la RENFE (ya la andan lavando la cara para hacerla atractiva a terceros…) y hasta sin Sanidad a nada que nos descuidemos. Porque no la lleva su ministerio que si no…
Luego, una vez superado el escándalo nos enteramos –quienes lo busquemos- de quiénes han sido los adjudicatarios del servicio público privatizado: empresas y gobiernos extranjeros. Con dos cojones.
A Endesa, que no mucho tiempo ha era empresa pública se vendió a la pública Enel, italiana, tras el jaleo con la OPA y el rollo de “EON ni de coña que es alemana”. Ahora los aeropuertos pagados por nosotros y nuestro cielo serán vendidos a “holdings” irlandeses, americanos y a la empresa pública de navegación aérea… italiana. Sí, parece que donde nuestro gobierno ve un gasto el gobierno de otro país ve una inversión. Así nos luce el pelo.
Y SEAT para Volkswagen, Pegaso para Fiat (en la que también participa el gobierno italiano) Montesa para Honda, Iberia de British y Repsol tiene un pie tras el telón de acero. RTVE subcontrata a troche y moche, las autopistas cuajadas de peajes y la educación en manos de empresarios de la enseñanza capaces de inventar la Licenciatura en Tirarse Pedos a Culo Lleno si con ello logran cobrar matrículas y llenar las aulas.
En estas que el ciudadano medio un día –en el intermedio de Sálvame Deluxe y La Noria- se da cuenta de que donde antes no pagaba, ahora paga, y donde antes pagaba dos ahora paga cuatro, y donde antes pagaba cuatro… ahora ni pagando lo logra a menos que tenga un cuñado concejal de urbanismo (que esa es otra). Y se preguntan cómo hemos podido llegar a esto.
Pues viene de atrás amigos. Y no sólo es culpa de esta casta de políticos inútiles y despreciables (sin distingo de color o partido), también lo es nuestra, de los ciudadanos, por consentirles. Cualquiera de los asuntos anteriormente enumerados llevados a cabo en nuestra vecina Francia habría significado otra toma de la Bastilla y segunda ronda de guillotina en la Place de la Concorde al son de la Marsellesa.
Aquí nos quejamos en el bar, y si eso eso.
Y digo yo ¿Y si privatizamos el gobierno?
Sólo genera gasto y en los últimos 20 años arroja muy poco beneficio.
Digo que se podría contratar a alguien como Steve Jobs, de Apple, como presidente y el consejo de administración de Google como gabinete ministerial.
Son gente que de verdad ha demostrado su valía, y seguro que incluso sin pagarles serían capaces de rentabilizar su puesto. Bueno eso ya lo hacen los de ahora, pero además nos cobran por hacerlo
O contratamos a La Roja, la brava Selección Española de Fútbol, cuyos 23 miembros sienten mucho más España que los más de 300 diputados del congreso.
En fin, concluyo ya pidiéndoos disculpas por haberos privado en esta ocasión de un editorial de motor de los de cotidiano, pero es que tanta privatización sin sentido me acaba privando del sueño.
¡Quién me iba a decir que a estas alturas mi político favorito iba a ser el Director General de Tráfico! Y es que cada ocurrencia que tiene, por peregrina que sea, la suelta, la aprueba, va y le funciona. Daos cuenta cómo están las cosas…
En fin. Felices vacaciones. Nos vemos en Septiembre.
"IVA psicológico y ruina psicosomática"
Como la actualidad manda –aunque no obliga- y el tema estrella para estas vacaciones –amén de los éxitos de La Roja en el Mundial- no es otro que la subida tributaria con la que nos han obsequiado para calentar un poquito más la cartera en el periodo estival, vamos a ponernos a ello.
No analizaré la medida en sí, su oportunidad ni idoneidad en el momento que vivimos. Tampoco voy a hablar de políticos de un y otro bando, pues a estas alturas ya todos han mostrado su descaro, desfachatez, interés y, lo que es peor, su inutilidad.
Y no hablaré de ellos puesto que acabo de comer, y no es cuestión de imaginar a sus señorías regodeándose en sus escaños encantados de haberse conocido y que un servidor acabe echando toda la pota sobre el teclado ante semejante panorama.
-No recuerdo si gobierno u oposición me deben un café con leche, un croissant y el lavado en seco de una alfombra desde la última vez que intenté ver por la tele el último debate sobre el estado de la Nación-.
De lo que voy a hablar es de el efecto de la subida, y muy especialmente, del “efecto psicológico de la subida”.
Así es, los economistas que cuajan las páginas de prensa general y especializada ven que la subida impositiva puede tener más un efecto cognitivo que real. Y ahí lo dejan, tan panchos.
Es por ello que en el sector que nos ocupa, el de la automoción, los compradores se han lanzado cognitivamente a comprar coches durante el primer semestre del año logrando una mejora de las ventas de un 35% sobre el mismo periodo del año anterior.
Y todo a nivel psicológico, vaya. Que nadie ha pensado en la pela si no en la percepción sensorial que palmar un dos por ciento de más causaría en su maltrecha psique.
Y ahora, el IVA sube y el efecto psicológico también, claro. Es que pagar 500 euros de más en un coche nuevo da un "efectazo que te cagas". Dos letras más de préstamo “con efecto de rosca y por la escuadra”, más o menos.
Es por ello que las marcas buscan minimizar el efecto con descuentos reales (o sea, en efecto), no psicológicos, pues saben que por lo uno o por lo otro, palman fijo.
Esto es como la “sensación térmica”. Hay 10 grados en la calle, pero sopla viento del norte, lo que hace que la sensación térmica sea de 2º. Y entonces tú piensas:
a) “Me abrigo para 10 que es lo que de verdad hay”
b) “Mejor me pongo otro par de calcetines que corre una brisa que corta”
Lo cuál nos deja con el 90% de la gente normal asumiendo el 18% de IVA con dos pares de calcetines. Por lo de la sensación, el efecto y la madre que parió a Tonete.
Es por ello que el factor psicológico debería preocupar más que despreocuparnos. Pues si a la subida real le sumamos el dichoso “Factor PS” nos encontramos con un mercado que se retrae y unas cuentas que se estancan.
Con lo que ahora volvemos a ver, gracias a quienes lo han dicho mal y a quienes lo han difundido irresponsablemente, a gente que quiere y puede comprar pero no lo hace “por el efecto” y, al otro lado, a gente que quiere pero no puede, y ahora menos, “por el efecto del efecto”, y que se descojona cada vez que le dicen que no pasa nada, que el 18% y el fin del Plan2000E (que esa es otra) es todo psicológico, y que su pérdida de poder adquisitivo es, al fin y al cabo, totalmente psicosomática.
"La tele que -tal vez- merecemos "
Cada vez que viajo a Inglaterra paso mucho tiempo viendo la tele. Y no es porque me aburra, llueva en la calle o no valore el ambiente de sus pubs. Tampoco busco desconectar con un mero entretenimiento con el que pasar el rato. Veo mucho la tele porque me encanta.
Generalmente me circunscribo a la BBC1, BBC2, sus versiones infantiles y programación de madrugada en BBC3/4, ITV y, ocasionalmente, Channel 4.
Cualquier día, sin esperártelo, te cascan un documental de los que hacen época, un concurso inteligente y bienintencionado o un programa de variedades a la vanguardia de Europa. Hasta un programa sobre vías de tren abandonadas resulta tremendamente adictivo.
Como no existe la prensa rosa (el sensacionalismo escrito es otra cosa) su televisión, pública y privada, se aleja de la bazofia que nos hacen tragar nuestros medios a todas horas.
Por la mañana hay magazines con tertulianos “ad hoc” para cada asunto, programas de divulgación, de calado social (mi favorito lo presenta un tal Jeremy nomeacuerdoquémas, psicólogo eminente que en plan Diario de Patricia trae casos complejos al plató y, a diferencia del mencionado Diario, los resuelve), por la tarde concursos ligeros y programación infantil, o ambas al mismo tiempo, pues hay un programa concurso de niños cocineros que “riéte-tú-de-Sergi-Arola” con los platos que preparan los púberes. También me gusta “Dragon´s Den” donde empresarios con trayectoria (no del pelotazo) buscan invertir entre las muchas ideas y proyectos que les presentan varios candidatos. Por la noche programas de análisis informativo, documentales actuales (me encanta Louis Theroux) o películas de estreno sin cortes, ni siquiera para autobombo de la propia cadena.
Los informativos son harina de otro costal, pues, a diferencia de a lo que acostumbramos aquí, informan de veras.
Y más cosas y a cada una mejor todavía, pero no me voy a parar a analizar toda su programación, vamos a ir a lo que por aquí más nos interesa: los programas de motor.
Huelga hablar de Top Gear (que ahora pasan por estos lares con un doblaje patético) o Fifth Gear, que traen consigo “spin offs” como Clarkson Motorworld o Tiff Needle´s Supercars. O el Mph Show y reportajes sobre todas las carreras del mundo mundial, desde la Mille Miglia al reciente “The Deadliest Crash”, sobre el terrible accidente de Le Mans en los años 50.
Todos con una factura, una calidad y un afán por formar y entretener con clase a años luz del estilo-publirreportaje de nuestro “Más que coches” que pasan a las cuatro o a las cinco de la mañana de ya-no-sé-qué-día. Y ojo, no lo critico, lo compadezco.
Con lo cuál, y aquí al fin viene el
quid del editorial, habiéndome criado profesionalmente a los pechos de la tele brit, se me ocurrió hace cosa de año y medio que se podía hacer algo por aquí del mismo tipo. Bien, nuestra pasión por el automóvil no está tan exacerbada como la suya, pero habría nicho, o eso creía yo.
La idea era producir un piloto, mostrarlo y fijar los términos del acuerdo, el cuál no implicaba gasto para la cadena, solo “hueco en su parrilla”. A estas alturas deberíamos estar estrenando y sin embargo, lo que estamos es estresándonos hasta tal punto de tirar la toalla. Al parecer no hay lugar para el motor en la tele española, F1 y motos aparte. Ni dándoles un programa con un elevado coste de producción (y calidad, por tanto) casi gratis hubo manera.
Que si hablamos mal de una marca les retiran la publicidad, que si una hora semanal es mucho, que si su audiencia no tiene interés en los automóviles, que nuestros patrocinadores han de pagar a la cadena además de a nosotros, que si la test driver fuera Belén Esteban nos lo pensaríamos, que qué me llevo yo de esto, que el momento es muy malo para nuevos formatos, que vale pero lo tiene que presentar Fulanito y dirigirlo Menganito que son de la casa, que algo tan elaborado mejor que salga por satélite, que me invitas a una mariscada y lo hablamos…
Que verdes las han segado, en definitiva.
Que en lugar de “Asfalto Quemado” (obviamente este no era su nombre real) podréis ver en breve otro programa del corazón taquicárdico con el petardo o la petarda de turno diciendo soplapolleces que parece interesan al gran público. Ese del que ni tú ni yo, al parecer, formamos parte.¡Hasta con mini-ministros catódicos legitimando el formato con su aparición en ellos! Spain is different, sin duda.
Y así nos va. Pan y Circo, decían los romanos. Y ahora que en España andamos escasos de pan… pues doble ración de circo.
Pero como ni en mi ánimo ni en el de mi equipo cabe la rendición, ya estamos analizando fórmulas atractivas alternativas, contemplando un canal “sólo motor” online y en HD (que no se diga), buscando ofrecer, aunque sea de manera clandestina, la tele -me gustaría pensar- que nos merecemos.
"¿Seguridad o Pegatina?"
Recientemente una de mis más vetustas máquinas precisaba de su obligada revisión “mayormente administrativa y menormente técnica” como cada año.
Haciéndole hueco entre mis quehaceres cotidianos reservé una mañana para tal fin.
Ese día y antes de partir hacia la inspección pasé lista exhaustiva al coche para no llevarme sorpresas, es decir, le di un par de pataditas a cada neumático para comprobar que tenían aire y poco más, pues me enorgullezco de poseer una colección con tan buen aspecto por fuera como por dentro. Tan sólo alguna vez una placa de matrícula demasiado pequeña o unas emisiones de gases demasiado grandes han dado al traste con lo favorable de su expediente. Pero todo ello con el tiempo –y el dinero- fue subsanado e incluso, mejorado.
Salgo entonces seguro por la puerta encaminando mis ruedas hacia la estación de ITV (esta vez me ha tocado pasarla en la Comunidad de Madrid) más propicia.
Allí me planto y una vez soltada la minuta –nada barata- voy pasando por la línea.
Todo bien hasta que enciendo las luces.
-¿Lleva
senon? –me espeta el operario-.
-Sí, lleva bi-xenon –respondo yo con humildad y sorpresa-
- Uff
-¿Uff?
- Sí, Uff. –insiste el payo-
- Sí Uff… ¿Qué? –inquiero yo-.
- Que no la pasa con esto montado. Lo va a tener que desmontar.
Jodidos estamos. Con la iglesia hemos topado.
Como jugador de fútbol que le protesta al árbitro tras una falta le explico al amable inquisidor que llevo cinco años pasando ITVs con dichas lámparas. Que llevo instalados lavafaros, regulación electrónica de la altura de faros y que su luminosidad no excede los límites marcados por el reglamento (5.000º K, creo) y que lo hice, ante todo, por mi seguridad.
Bien, pues que “si quieres arroz Catalina”. Las quejas, al ingeniero.
Y al ingeniero voy a quejarme que me recibe con las mismas.
Y con las mismas yo le respondo, le digo que si eso, por el mismo motivo debería desmontar los discos de freno ventilados y perforados y el cinturón de seguridad con tres puntos de anclaje que también instalé por análogos motivos que los dichosos faros.
No hay tu tía. Incluso el Ingeniero-Calimero me dice que por supuesto todo ello debería figurar en la ficha técnica o ser desmontado. Que mi seguridad y mi sentido común no valen una mierda comparados con su “reglamentación vigente”.
Gracias al cielo me acompañaba en el trance mi amigo José Miguel que curtido en estas lides y ante lo infructífero de la discusión –y antes de que ahorcara de su corbata de felpa al Ingeniero-Macabeo- me instó a que tomáramos las de Villadiego con un elegante “Muchas gracias y buenos días”.
Ya en la calle analizamos la jugada y tanteamos las opciones.
Obviamente el problema no era de mi coche, ni tan siquiera del Ingeniero-Bombero-Torero, todo empezó por el chaval que, en su mal entendido afán por hacer las cosas bien o en su deseo de acaparar méritos me había metido en un problema inexistente. O al menos, hasta ahora.
Y las opciones en este momento eran, cuanto menos, costosas.
La primera y más barata era acudir a otra ITV y buscar la suerte –o el sentido común- que hasta ahora mi coche había tenido. Arriesgada.
Otra era sobornar al operario para que mirase hacia otro lado mientras mi coche pasaba la revisión de largo. Cutre.
La tercera y que menos me gustaba era desmontar todo lo dicho, pasar la inspección, y acto seguido volver a montarlo. Farragoso y caro en exceso.
Y la última y con la que nos vamos a quedar por ser la que articula mucho mejor mi venganza: fijarle una placa histórica a mi coche, con el certificado del Ministerio de Industria, de la Comunidad Autónoma competente y el sello del laboratorio oportuno. Por supuesto incluyendo las modificaciones “gravísimas” que lleva instalado mi coche a fin de que no se mate su dueño.
No obstante ya me he dirigido al órgano rector de todo este despropósito instándole a que se haga “una ITV a sí mismo”, que igual no la pasa por llevar montados algunos “elementos tocapelotas” no originales que han modificado sustancialmente la prestación de un servicio de gran importancia, y que en otros lugares propugnan la excelencia ganada a base de buen sentido común mecánico y entendiendo que de lo que se trata al fin y al cabo, es de garantizar que un coche sea seguro para circular.
Creo que el olvido de esto mismo, de dónde vienen, les ha hecho a algunos perder su rumbo, su fin, es decir, el saber adónde van.
"Contraprogramación"
En esta era de la electrónica es fascinante lo que se puede conseguir con un ordenador portátil, un software apropiado y una toma USB.
Colgar el video del primer pedete de tu niño de tres meses en Internet, encender la calefacción a mil kilómetros de distancia (para que los ladrones estén calentitos), descargar 1.900 canciones en el disco duro de tu vehículo, perderte en la burocracia con tu lector de DNI digital, estudiar la telemetría de tu Fiat Panda a la vuelta de comprar el pan… o reprogramar la centralita de tu coche. Y a esto voy.
Cada vez prolifera más la idea de que con dos cables, un input, un “pograma” bajado del emule y un avezado de los computadores nuestro utilitario de 90cv va a pasar a ser un bólido de 230 y 45mkg de par motor. Y puede ser, pero puede que sólo lo sea hasta que muera o hasta que te mate. Lo que pase antes. Aproximadamente 1.000 kms.
Vaya por adelantado que yo no estoy en contra de estas reprogramaciones, de lo que no soy partidario es de las “contraprogramaciones”, lo cuál es, como dicen en Aragón “Cagar a medio culo”.
A ver. Ilustremos el despropósito: Un día el profesor Bacterio me reprograma el cerebro, y mi materia gris ahora me dice que soy capaz de correr más rápido, saltar más alto, nadar más deprisa y levantar el doble de peso con una sola mano. Yo, vista la mejora, me apunto al triatlón “Ironman” y… me da el infarto a los 6 kilómetros de bici cuesta arriba.
Claro, Bacterio se olvidó de, junto con mi nuevo cerebro, dotarme de nuevas piernas, nuevos bíceps, nuevas articulaciones y nuevos pulmones. Amén de un nuevo y más grande corazón. Conclusión: Me he averiado tras hacer una muy buena salida.
Con los coches sucede tres cuartas partes de lo mismo. Si nos limitamos a modificar el mapeado de la centralita prescindiendo de la optimización del resto de componentes estamos yendo tan sólo un pasito más allá del que dimos años atrás “trucando la Vespino”. Con todos los respetos. Que de hecho yo también truqué mi Vespino.
Porque digo yo, si realmente tú lo que quieres es un coche de 200cv, no te compres uno de 140. Compra uno de 200 con caja de cambios para 200, frenos para 200, suspensión para 200, mapas de ESP de 200, suspensión de 200, neumáticos para 200 y garantía para 200. Todo de serie.
Suma todo ello –que es lo básico- a tu coche de 140cv “reprogramado” y verás que no te compensa. Pero si tienes mucho capricho… adelante con ello.
Peligroso es jugar a ser ingenieros. Efectivamente los coches de nuestros días tienen margen para trastear con sus órdenes electrónicas sin abordar cuestiones complejas. Pero de ahí a ganancias de un 35% de potencia y par motor con un ahorro del 25% de carburante… es hacer oposiciones para el infarto mecánico.
Y no dejes que nadie te diga lo contrario, por muy manitas que sea el “tuercas” de tu barrio (o lo hayas leído en un foro). Nadie conoce mejor un motor que el que lo ha diseñado y ha marcado sus máximos y sus mínimos.
A este respecto el otro día un compañero del sector me comentaba que unos conocidos suyos habían comprado unos Bmw 316d con el afán de convertirlos en 320d ya que “es el mismo motor”. Claro, y Bmw es subnormal y por eso sigue vendiendo 318d y el susodicho 320d. Aún no sé lo que les saldrá, pero apuesto por un 316´5d. Algo es algo.
Seamos sensatos y recordemos que cuando un coche nuevo llega a nuestras manos ha pasado por toda una serie de tests, pruebas y mejoras hasta obtener su rendimiento óptimo. Que puede ser mejor, pero ya no será óptimo (Concepto de Eficiencia de Pareto. Búscalo en la Wikipedia por óptimo paretiano, si eso).
Así que cuidadito con meternos donde no nos llaman, no vaya a ser que más que reprogramar, contraprogramemos, y a la hora y el día en que esperábamos un especial sobre coches rápidos y potentes nos encontremos con un documental sobre averías mecánicas y quemadillos del software.
"Los de interné"
No es infrecuente llegar a la oficina y encontrar una nota en mi mesa que resuma las gestiones que mi equipo haya llevado a cabo durante mis frecuentes y obligadas ausencias. En ella se me da cuenta de lo logrado y de lo perdido, y tampoco es infrecuente que en este último caso la nota venga acompañada de otra nota que diga “a los de interné, nada”.
Durante dos años lo he dejado estar, pero reconozco que de un tiempo a esta parte este trato tan injusto a los que trabajamos en la red me comienza a escamar.
En España, al parecer, somos los parias de la información. Una panda de aficionados desempleados que se abren una “wé” o un “bló” con dos duros y mucho morro. Yo no digo que esto de verdad se dé, y que junto a ofertas de indudable calidad nos encontremos otras que “yo-no-sé-de-dónde-han-salido”. Pero da igual, a los ojos de algunos caemos todos en el mismo saco.
Me revienta dar explicaciones, pero creo que el asunto merece una aclaración, para quien la quiera entender:
Hoy en día nadie negará a Internet su condición de Red de Redes, ni su poder como Mass Media. Amén de sus inmensas posibilidades multimedia, y por supuesto, su –salvo cuota de conexión-, gratuidad.
Es por todo lo dicho que cuando decidí comenzar esta aventura en nuestro país elegí este medio. Se trataba de ofrecer un producto original y cuidado a la mayor gente posible sin que a nadie –sólo a mi- le cueste un euro.
Reconozco que son mayoría los que pronto vieron nuestra potencialidad y la de nuestro medio, y nos han conocido, les hemos gustado y nos han apoyado desde el principio sabiendo que, en el SXXI, éste y esto es el futuro.
Y a los que no, les digo que esta idea online fue una decisión personal razonada y meditada buscando apostar por la nuevas tecnologías en lugar de por fórmulas tradicionales como el formato papel. Si hubiéramos optado por dicha modalidad, seríamos los mismos, pero cobraríamos por nuestro producto, o no, porque somos unos chulos, y entonces volveríamos al cubo de la basura como publicación gratuita tildados de “poco serios”.
Para los más suspicaces diré que este medio, como cualquier otro, dispone de instrumentos para medir su alcance, como Webstats o Alexa, también tenemos informes fiables sobre el perfil de nuestro público. La publicación de los contenidos es fácilmente justificable con un clic de ratón, la difusión del medio es World Wide Web, como su nombre indica, las posibilidades de crecimiento son prácticamente infinitas (espera a que los IPod/IPhone sean sumergibles y podrás navegar por nuestra web –nunca mejor dicho- hasta bajo el agua…). Añadir por último que los que aquí nos empleamos disponemos de contrato, nómina, seguro y acreditación de prensa internacional como cualquier otro profesional, y que la inversión, sin entrar en detalle, multiplica por 50.000 los “dos duros” que mencioné al principio.
Por todo y por esto creo que todos los que trabajamos en este medio merecemos un respeto. Y no entiendo la distinción entre prensa, radio, televisión e Internet. Pues si nos ponemos exquisitos, nosotros somos prensa, radio y televisión al mismo tiempo. ¿Quién es tu papi ahora? ¿Eh?
Para concluir quiero que entendáis que este editorial nace de una pataleta, pero no mía, sino de los que patalean porque temen o desconocen el trabajo en la red. Y lo subestiman.
Yo, por mi parte y de la vuestra, por mucho que nos infravaloren, critiquen, humillen e ignoren, espero por muchos años, seguir siendo uno de “los de interné”.
"Mal Pagados"
“Por 450 euros al mes es lo que hay, y a ellos les vale”
Esa fue la justificación de un amigo y compañero de la prensa cuando le pregunté por el artículo más catastrófico jamás firmado por él.
Su excusa ante tamaño despropósito no era muy buena, pero tampoco mala. Lo que era peor era su texto (inconexo, incompleto, argumentativo y casi ilegible) y su actitud, a medio camino entre la resignación y el más llano “pasotismo”.
No me gusta pasar por alto a los que hacen su trabajo de manera descuidada a propósito, pero cada vez lo voy comprendiendo más.
450 euros era lo que yo ganaba en el primer medio en el que entré a trabajar hace diez años. 74.500 pesetas al mes exactamente percibía yo por mis servicios. Ya resultaba poco entonces, pero ahora es una retribución totalmente irrisoria. Y has de asumir que por ese dinero el trabajo que estas comprando puede ser eso: “de risa”. Aunque “a ellos les vale”.
Pero el problema no se queda en mi amigo ni en el periodismo, históricamente mal remunerado, sino en prácticamente la totalidad de profesiones de este país de “mileuristas” (término que para mí ya no tiene ni puta gracia).
Médicos, funcionarios, informáticos, maestros, consultores “junior”, comerciales, investigadores… por no hablar de los empleos menos cualificados, cuyo mercado laboral es lo más parecido a la jungla. De una República bananera. Gobernada por déspotas. Administrada por caciques. Y regulada por viejos avaros.
Luego está el espinoso asunto, herencia de nuestro reciente pasado rural, de envidia y criminalización de los que legalmente (incluso éticamente) ganan más. Empresarios, pilotos –de Iberia, puntualmente-, dentistas, controladores aéreos, abogados…
Afortunados en una España mediocre que retribuye su extraordinario trabajo con buenos emolumentos. Y ojala siga así. O mejor. Que ganen más todavía. Y que entiendan que en su sueldo va la aspiración a la excelencia. La calidad ha de pagarse, eso lo sabe hasta mi tía la del pueblo –el que no lo entiende del todo es el ministro Pepe Blanco, a juzgar con la que anda liando con los controladores, con un planteamiento ruin y miserable de un problema que en realidad no existe-.
A mí no me gustaría montarme en un avión con un piloto mal pagado, un controlador desmotivado y una azafata mileurista que haga mis siete horas de vuelo aún más insoportables.
Y también me gustaría que el médico que me vaya a tratar esté tan feliz con su renta que entienda que ha de dedicarme más de tres minutos por visita. Y que el comercial que me venda el ADSL venga a mi oficina, me lo explique en términos que yo pueda entender y me lo instale, no que me llame Gustavo-Alfonso desde Quito y me suelte una retahíla por teléfono de la que no me entero. A las 10 de la noche. En Sábado.
Siempre les cuelgo, claro. Dudo que vendan así más de un ADSL al mes, pero parece que “a ellos les vale”.
Y que mis amigos investigadores no se tengan que ir a Estados Unidos para acceder a un sueldo que les permita vivir. Que la funcionaria de hacienda no me haga la pascua cada vez que le pregunto por la presentación telemática del impuesto de sociedades, que la maestra de mi sobrino no salga cada día llorando del colegio y cada dos días se plantee si esto le compensa. Que mi amigo David no escriba esos artículos de mierda por mucho que “a ellos les valgan”. Etcétera.
En definitiva quiero que todos los que lo merecen ganen más, nunca menos.
Y puestos a proponer propongo repartir entre todos el sueldo de cada uno de los Diputados del Congreso. Total, para lo que hacen… ¿O tal vez es que ellos también están Mal Pagados?
"Que le quemen las puntas"
Poco tiempo antes de las doce campanadas más famosas de las muchas que da el reloj de la Puerta del Sol, me encontraba yo charlando con un compañero y amigo, el cuál me manifestaba su intención de comerse las doce uvas preceptivas de una tacada y a las seis de la tarde del día 30 si con ello conseguía acabar con este año 2009 “maldito”.
Sin mucha convicción yo asentí y, de vuelta en la oficina, comencé este editorial deseándole al año que acaba una larga quemazón en los fuegos eternos del infierno.
Sin embargo, puestos a ser justos reposé un momento en mi “sillón de jefe”, encendí un cigarro, cogí un papel en blanco y comencé a hacer balance en lo tocante a nuestro sector del motor y esto fue lo que me encontré:
Por un lado las ventas de coches en nuestro país se fueron a la porra estrepitosamente, pero no tanto como en el segundo semestre del año 2008 y con indicios claros de recuperación a última hora. También está lo del plan 2000E, que llegó tarde y enmarañado en burocracia, pero “vino, vio y venció”, que diría Julio César. Su aporte a la recuperación del sector esta siendo muy notable.
Y por el otro lado ayudaron los descuentos y ofertas de las marcas, los “kilómetros cero” y las decenas de coches de stock que los concesionarios vendían a poco más de precio de coste mas los impuestos.
También en 2009 vimos como saltaban en pedazos grandes fabricantes de automóviles, quizá el caso más notable fue el de la americana General Motors. Pero ésta fue salvada “in extremis” por la administración Obama –no podía ser de otra manera-, inaugurando una nueva etapa en su historia, aprendiendo a fabricar coches más eficientes y adecuados a los gustos del cliente del siglo XXI, no como hasta ahora. Otras marcas como Saab, Pontiac… han echado el cierre, pero no nos engañemos, su existencia en los últimos años era tan pecaminosa que con crisis o sin ella todo el mundo de la automoción esperábamos a escribir la “crónica de una muerte anunciada” más pronto que tarde.
Otras fusiones y adquisiciones habrá que dejarlas correr para ver cómo resultan, pero la Jaguar de Tata y la Porsche Medio Volkswagen apuntan maneras.
Distinto cantar es la cuestión fabril. Lo de Opel con Figueruelas y Nissan en Barcelona es una puñalada trapera por la espalda. Al menos en el caso de los primeros Magna se cayó del trato y en el de la japonesa trabajadores y gobierno frenaron las ansias EREtísticas de la marca. Sin embargo ha sido un palo duro al que no le encuentro la cara amable.
En cuanto a los coches presentados este año que expiró hace bien poquito nos encontramos con modelos más eficaces, más efectivos, más seguros, más económicos y menos contaminantes. En todos los segmentos. Desde el Audi R8 V10 hasta la nueva generación de Toyota Prius. Muchos fabricantes, superado el furor verde, presentan apuestas mucho más reales a un plazo inmediato. Esperemos que no abandonen ese camino.
En materia de tráfico nos topamos con la nueva Ley de Seguridad Vial, con sus puntos a favor y sus muchos puntos en contra. Lo que es innegable es que este 2009 se cierra con la cifra de muertos en carretera más baja desde 1964. Los coches son mejores, las carreteras también, la asistencia es más rápida, somos más prudentes… y tenemos miedo a perder los puntos. Es tan triste como innegable que funciona. Mi enhorabuena al señor Navarro, al que pienso seguir dando caña estos nuevos doce meses, pero con cariño, que las cifras le avalan y, una vez tratado en persona, reconozco que es un tío majete (¡en serio!).
Y ahora lo deportivo. Desde luego no ha sido un buen año en ese carísimo circo llamado Fórmula 1. Pero ya tenemos a Fernando Alonso en Ferrari, que parece que es lo que siempre ha querido el muchacho. Dani Sordo hace lo que puede con Loeb de la misma manera que Lorenzo lo intenta contra Rossi. Pero ahí anda Julián Simón, campeón de 125cc con 22 añitos y SEAT sigue arrasando en WTCC (aunque mejor que al italiano Tarquini de campeón preferiríamos a Gené, dicho sea de paso). Y deseamos mucha suerte a Saínz en el Dakar Suramericano. Yo creo que esta vez sí que gana.
Acabo con lo profesional.
2009 ha sido un año manifiestamente mejorable, en el que los departamentos de prensa de las marcas se han quedado sin coches (o eso dicen, y yo les creo) y casi sin información, muchas publicaciones se han refugiado en Internet creyendo que esto era “jauja” y por nuestra parte hemos debido acomodar el discurso a la nueva coyuntura.
Pero con mucho esfuerzo y algo de suerte hemos de decir que “no hemos echado un mal año”. Como todo, se puede mejorar, y para eso tenemos el 2010.
En definitiva, “ni tanto ni tan calvo”, ni cualquier tiempo pasado fue mejor ni ha sido tan terrible. Por eso, cuando muchos le desean al 2009 que arda, yo me conformo con que le quemen las puntas.
Un abrazo y feliz año a todos.
"Despistados"
Esta semana me escribía un amigo internauta quejándose –no sin motivo- de la prensa del motor por haberle tenido un par de meses “cazando moscas”.
Me explico, nuestro amigo –al que llamaremos Rubén (entre otras cosas porque es su nombre)- estaba interesado en adquirir un modelo de inminente aparición, entonces compraba todas las revistas y leía todas las web en las que se daba algún avance del coche de su interés.
Bueno, el problema estriba en que una vez que llega el día de la “presentación oficial” nuestro amigo se cabrea pues el coche no se parece a lo que mucha prensa le había adelantado. De hecho, R me manda las portadas y links de diversos y “muy serios” medios que se atrevieron a adelantar el lanzamiento. Efectivamente, se parece pero no es el coche como de verdad ha sido.
Y da un poco de risa. Y de pena.
Ante todo decir que en esta nuestra web no damos nada por bueno hasta que la marca lo anuncia a bombo y platillo, pues aunque somos capaces –como cualquiera- de hacer recreaciones artístico-realísticas de cómo puede ser tal o cual modelo no nos gusta jugar con la bola de cristal; y no tenemos necesidad de hacerlo, por otro lado.
Porque ahí es donde creo que está el problema.
Muchas publicaciones –todas ellas muy respetables y de gran calidad- afrontan su lucha con la competencia como una guerra de novedades. Ser los primeros en desvelar un modelo da ventas. Pero muchas veces lo que desvelan es una recreación parida de la mente de un diseñador gráfico. Esto se soluciona poniendo al lado de la imagen... “la imagen mostrada se trata de una recreación de cómo creemos por aquí que va ser el coche”, y ya está. Como Rubén me dice y he podido constatar en su caso particular, esta frase o similar no aparece por ningún lado. Total, que nuestro lector acaba harto despistado. Y mosqueado. Y decepcionado.
Todo esto sin hablar de Internet, donde cada rumor es tomado por cierto y anunciado a los cuatro vientos. Sin embargo, una vez filtrada la información y contrastada con la fuente… nada de nada. Es por ello que nuestra sección de “actualidad” es de las menos nutridas de la red. No está todo lo que es pero es todo lo que está: Nuestra premisa.
Aún así todos metemos la pata algunas veces porque las marcas o cualesquiera que sean las fuentes nos despistan a nosotros con información cambiante o sesgada. Lo del culebrón Opel-Magna-GM es un ejemplo y los motores anunciados para algún coche que luego nunca montará es otra. Las fechas de comercialización es otro “Talón de Aquiles”, lo reconozco.
Pero vuelvo con lo del “Oráculo Periodístico”. Me resulta divertido ver como lejos de corregir o rectificar, algún medio se atreve a vaticinar la estética y motores de modelos a cuatro años vista. Hombre, seamos un poco serios, que a riesgo de no acertar –y es un riesgo elevado- Rubén va a acabar por comprarse un bate de béisbol, irnos a buscar y rompernos las piernas a todos por ser una “mierda de adivinos”.