Editorial

Editorial coches Curro san miguel

"Me encanta que los planes salgan bien"


Esta frase era la frase de Anibal Smith al final de cada episodio de la serie “El Equipo A” cuando habían logrado vapulear a los malos, salvar a los buenos y ganarse el respeto de todos.

Pero claro, ¡es que los planes de Anibal Smith eran siempre fantásticos!
Nosotros ahora tenemos un Plan, se llama Plan 2000e para la ayuda a la compra de un coche nuevo. Y en esencia, es un buen plan. 2000 eurillos de rebaja –que no es moco de pavo- al cambiar tu coche viejo por uno nuevo. El problema reside en los partícipes del plan. Principalmente en las comunidades autónomas, las cuales van por libre a la hora de ampliar o mermar los requisitos para optar ala ayuda.
Esto es como si Anibal traza un plan, Murdoch (el loco y divertido piloto) pone condiciones, Fénix (el guaperas) dice que matan a los esbirros pero no al jefe y M.A. nos sale con que vale, pero que le viene mal.
Hombre, la cosa saldrá, pero a saber de qué manera.

Muchos de vosotros nos habéis preguntado por el plan y a grandes líneas el Plan 2000e del gobierno es sencillo: 500 euros los pone la comunidad, 500 la administración central y 1.000 el fabricante cuando entregues tu viejo y contaminante coche a cambio de otro nuevo y de bajo nivel de emisiones.
Son tres actores, y aquí viene el problema y la confusión. Los 500 del gobierno parecen inamovibles, pero el resto, van “según les dé a los implicados”.
Algunas marcas anuncian rebajas que doblan la cuantía que están obligadas a poner, y algunas comunidades hacen oídos sordos de los 500 euros y lo que rebajan es el impuesto de matriculación guiándose bien por el índice de CO2 del coche a adquirir o simplemente por el precio total del coche. También encontramos lugares en los que no hace falta entregar coche alguno para beneficiarse del plan y otros en los que hace falta presentar un certificado de achatarramiento. Unos ponen el límite de ayuda para coches de importe menor a 30.000 euros y para otros no hay límite. Unos lo aplican sólo a particulares y otros también a empresas.

De esta manera, por ejemplo, un Peugeot 308 de 20.000 euros comprado en, no sé, Jaén, saldrá por unos 16.000 euros entre aportes del gobierno, comunidad y fabricante. Mientras que un Volkswagen Golf de 20.000 euros y motor equivalente comprado en Madrid saldrá por unos 18.000 euros. En esta misma comunidad al parecer tiene más ayuda comprar un Lamborghini Gallardo que un Seat Ibiza diesel, pues a uno se le descuenta el 20% de impuesto de matriculación y a otro nada porque no lo paga.

En fin, un barullo ante el cual te aconsejo que acudas al concesionario de la marca de tu interés para que en primera persona y clarito te digan cuánta rebaja tienes y cuáles son las condiciones para obtenerla.
Es la única fórmula válida, lo demás es especulación ya que apenas hay dos lugares en que el Plan 2000e se aplique del mismo modo.
Y es que ya lo dijo Amadeo de Saboya cuando renunció a ser nuestro rey y huyó a su Italia natal: “¿Cómo voy a gobernar un país en que cada uno de sus ciudadanos pide el café de una manera distinta?"

Luego están los que se quejan del plan y esgrimen argumentos económicos de bajo calado y… bueno, básicamente es que se quejan de todo. Ni caso.
Para una vez que nos “regalan” algo démosle una oportunidad al Plan para que salga bien y nos deje encantados.

"Moteros"


Temo cada Gran Premio de Jerez casi tanto como lo disfruto. Sin hacer de menos a Valencia o Montmeló esta prueba disputada en el sur es el encuentro motero por antonomasia en nuestra región. Más de 300.000 asistentes de toda España y europeos vecinos se desplazan a esta región para seguir la prueba del mundial de motociclismo y participar de la fiesta que indisolublemente va pareja.
El problema de ese espíritu asociado a esa fiesta es la que nos deja unos cuantos moteros muertos en el arcén cada año. Patético.
No sé si buscan prolongar la recta del circuito en la nacional IV, emular a Rossi en Despeñaperros o la ruta de la plata o simplemente se sienten más seguros reafirmados por el grupo que rueda con ellos en el camino de regreso.

Yo he tenido moto prácticamente de toda la vida, quizá por eso poco a poco he sabido mantener los pies en el suelo y la mirada atenta, que como bien dice (ésta vez) la DGT “la carretera no es el circuito” y macho, entre tú y yo, tú tampoco eres Casey Stoner.

Y no me vale la excusa de que los guardarraíles son asesinos (sólo cuando te vas contra ellos) o que la red viaria es una mierda (también en coche se sufre), que los automóviles no nos respetan (¿hablamos de los adelantamientos hasta que se nos caiga la cara de vergüenza?)… Ante todo prudencia, justo lo que les faltaba al grupo de cinco que me adelantó cerca de Úbeda a más de 230 km/h y alguno con la rueda levantada. Es tu vida tío. Luego no me llores.
Soy duro porque cualquier muerte en carretera provocada por la estupidez de uno mismo me cabrea. El mundo de las motos es fantástico, lo adoro, disfruto como el que más haciendo kilómetros a lomos de mi “mula gorda”, pero hay que mantener la cabeza fría (y el culo caliente, que en invierno es lo más chungo) para hacernos cargo de lo que llevamos entre manos y asumir que somos la parte más débil de la ecuación del tráfico de nuestros días (por no hablar de los pobres ciclistas) tratando de eludir la “tentación” de “retorcer-la-oreja-porque-sí” para así eludir el peligro. Justo lo que no hizo Jorge Lorenzo en MotoGP, pero claro, a él le pagan para que arriesgue…

"Coches viejos y pellejos"


Este fin de semana me he visto obligado a hacer una “prueba del alce” en vivo y en directo en carreta abierta. Circulaba yo detrás de un vetusto Ford Orión de primeros de los 90 cuando al parecer, se le ha bloqueado la transmisión y se ha clavado en el sitio. Con un rápido volantazo he esquivado el envite. Menos éxito ha tenido el coche que me seguía, el cual ha visto muy de cerca “la constelación de Orión”. Nada, chapa y pintura, afortunadamente. Los ocupantes del Ford tenían tal susto en el cuerpo que ni se han querido acercar a empujar su coche para quitarlo de en medio.

Bien, pues este triste suceso me viene al pelo para hablar de los coches viejos-pellejos que circulan en gran número por nuestras carreteras.
En estos tiempos inciertos, no son pocos los que –carentes de suficiente “cash” o posibilidades de financiación- optan por comprar auténticas cafeteras por menos de 1.000 euros que hace ya tiempo que debieran haber donado sus órganos en el desguace más cercano. Antes estos vehículos eran absorbidos por el plan Prever/Renove, pero ahora la porquería del plan Vive ayuda poco o nada a la hora de cambiar de coche. La supresión de estas subvenciones no sólo nos deja de nuevo tan sólo por delante de Grecia en antigüedad del parque móvil en comparación con nuestros vecinos europeos, si no que arroja a la carretera coches no simplemente viejos, además rematadamente mal mantenidos.
Un dato nos debería hacer reflexionar: en el 80% de accidentes de tráfico está involucrado un coche viejo (más de 5,5 años de antigüedad). Es como para pensárselo.

Lo barato te puede salir tan caro como costarte la vida.

Pero no digo yo que lo antiguo sea peligroso por definición, sólo digo que la ITV es importante y el buen mantenimiento y conservación de un vetusto automóvil ha de ser vigilado y tenido muy en cuenta. Esto engloba a las estaciones que dispensan dicha revisión y a los cuerpos de seguridad del estado. Estos últimos multaron a un conocido por no haber pasado la Inspección Técnica de su Audi de 4 años y tres meses. En cambio, en el Ford Orión antes citado la última y decolorada pegatina que adornaba su parabrisas era de una ITV murciana de…¡1998! ¿Suerte? Tal y como acabaron, no creo que tanta.
Por otro lado, estos coches-chollo prescinden de los últimos avances en materia de seguridad, lo cual ya debería hacerlos menos atractivos.
Mi recomendación a la hora de ahorrar: un buen seminuevo en muy buen estado con no más de cinco años.

Sin embargo sé que cuando no se puede, no se puede. Por eso exijo al gobierno que recupere sus planes de ayuda a la hora de comprar un coche nuevo con carácter urgente, y dejemos de jugarnos la vida con y por coches de 1.000 euros.

"¿Dónde está la oferta?"


No sois pocos los que nos escribís en estos días de economía convulsa quejándoos de no encontrar “chollo” alguno en el mercado de automóviles, y muchos os planteáis si el sector no “se estará quejando de vicio” o no son más que una “pandilla de llorones” a los que si les quitan una de las diez “piruletas” que poco tiempo atrás chupaban con fruición se chivan a la “seño” o se quejan a “mamá gobierno”.

Vale, de todo habrá, pero a la vista de los últimos acontecimientos no vamos a negar que el sector no atraviesa por sus mejores tiempos. Lo tenían que haber previsto, cierto, pero no es momento de lamentarnos del pasado (de aprender de él, en todo caso).
Ahora vamos a lo que vamos, la aparente escasez de ofertas “reales”.

Son bastantes las promociones que aparecen en los medios que nos hablan de condiciones fantásticas y precios de derribo para la compra de un coche nuevo, sin embargo, como algunos de vosotros nos comentáis y hemos podido comprobar no es “oro todo lo que reluce” y toda oferta tiene letra pequeña.

En coches nuevos los descuentos se centran en coches en stock o “kilómetros 0” tan nuevos como los anteriores pero con placa de hace meses. En estos casos Ford y Renault nos han llegado a ofrecer entre un 20 y un 30% de descuento dependiendo del concesionario. La rebaja es muy considerable, otra cosa es que quieras que te lo regalen… lo cual parece descabellado, pero el dueño de un concesionario en Inglaterra está regalando un Kia Magentis por la compra de uno nuevo. Dos Kias por el precio de uno, ahí lo llevas. A nivel económico esto es terrible, pero de cara al consumidor es “la caña”.

También las financiaciones se han puesto las pilas, Honda, Peugeot y hasta BMW ofrecen tipos de interés francamente buenos (entre un 6 y un 8 TAE).
Peugeot tiene una campaña anti-crisis que arranca de la marca, Citroën está sobretasando tu coche usado, en Hyundai se logran 3.000 euros de descuento de media en coches almacenados en sus concesionarios… pero cada oferta hay que buscarla, y no rendirse a la primera respuesta fría. Por ejemplo, en un concesionario Audi de la zona noreste de Madrid mostraron tanto interés en vendernos un coche como yo en que me azoten las nalgas. Ni descuentos, intereses usureros en la financiación, ni prueba, tasación mierdosa de nuestro coche a entregar y lo más que pudimos ver el coche de nuestro interés fue en foto. Sin embargo, probamos en otra concesión y la cosa cambió bastante… a mucho mejor.
De todas formas insisto en que si es buen momento para cambiar de coche, lo es para adquirir un modelo en stock, pues en pedidos a fábrica el margen de rebaja será mucho menor y en muchos casos dependerás de las ganas de vender del comercial.

Lo que sí te digo es que prepares un buen pañuelo para secarte las lágrimas tras la tasación de tu coche usado. Olvida la pequeña guía Eurotaxx que aparece en algunas revistas, o tómala y réstale un 30% a cada valor y te podrás hacer una idea de lo que te van a dar por tu coche.
Las marcas que mejor se han portado con nosotros en este aspecto han sido Mitsubishi, Alfa Romeo, Nissan y Volvo, y las que peor Mercedes y Lexus, que por otro lado eran también las que menos descuento nos hacían en coches nuevos (salvo promociones especiales y series limitadas en la marca alemana). Las demás marcas, clavaban el mismo precio.

En definitiva, no voy a hablar ni de abundancia de rebajas ni de auténticos chollos, pero si se tiene paciencia, se busca bien y se es flexible en lo que se quiere, las ofertas existir existen, como las “meigas”.

"Turbo adictos"



Hoy no dedicaré ni una línea a la DGT, pues mudo mi actitud guerrera adoptando en esta ocasión la de “a palabras necias, oídos sordos”.

El caso es que comparaba impresiones el otro día con un compañero del motor acerca de un determinado modelo de automóvil que andábamos probando, y ambos ensalzábamos las virtudes de su motor “a la vieja usanza”. Seis cilindros en V, generosa cilindrada y una deliciosa entrega de potencia cada vez que apurabas las marchas.
Y es que, hicimos recuento y hacía ya más de una docena de coches que no nos enfrentábamos a un automóvil de mecánica atmosférica.
La proliferación de los motores sobrealimentados en nuestros días avanza a un ritmo pasmoso. No es de extrañar que en cinco años no quede ni uno de “los antiguos” sin turbo como ha pasado con los coches diesel.

Las marcas parecen haber obtenido la receta de +potencia –consumo que llevaban buscando años. Sin embargo, la fórmula no es nueva, de hecho, es bastante antigua.
Desde el Bentley Blower (“soplador” en sentido literal) de hace más de 70 años que ya mostraba un amenazador compresor en su morro hasta nuestros días no han sido pocos los fabricantes que “sobrealimentaron” sus motores. Entre los años 70 y 80 muchos fabricantes europeos se lanzaron a degüello al mundo de los turbos. Renault prácticamente no dejó un solo coche en su gama sin contar con una variedad de esta mecánica, y Saab, Audi, Porsche, Lancia, Maserati… hacían lo propio. Sin embargo, ya en los años 90 el fenómeno prácticamente desapareció en los coches de gasolina para quedar definitivamente implantado en los diesel. ¿Por qué? Bueno, es obvio que los coches de gasoil necesitaban mayor empuje pues sus mecánicas rara vez ofrecían más de 80 cv, y el caso contrario vivido en los coches a gasolina se debió, en resumen y retrospectiva, a tres factores: conducción comprometida, falta de fiabilidad y elevado coste de mantenimiento.

Ahora sabemos más y nos jactamos de hacer mejor las cosas, en cambio, en distinta medida estos tres factores permanecen.
El llamado “turbo-lag” (retardo del turbo) ha mitigado su patada y su demora en la respuesta, pero sigue estando presente en la mayoría de “Tdi´s” del mercado, lo cuál hace su conducción “rara” cuanto menos. La falta de fiabilidad es producto de los motores “apretados” que hoy en día nos ofertan. Antes, sobrepasar los 200cv nos hacía casi siempre superar la barrera de los 2 litros y medio de cilindrada, mientras que con ayuda de un “soplillo” hoy en día obtienes la misma fuerza y más par con motores 1.6. De esteroides hasta la cejas, eso sí. Y cuando tensas mucho la cuerda… corre el riesgo de romperse.
El elevado coste de mantenimiento nos lo da la lógica: a más piezas en el motor, más piezas a mantener.

Todo esto sin hablar del agrado de conducción de estos coches, que transmiten la sensación irreal de que vas montado sobre un cohete, cuando en muchas ocasiones lo que llevas debajo es un “pedazo de petardo” con mecha solamente entre las 1.500 y 4.000 rpm. A unos gusta y a otros no.

Con todo esto no quiero que penséis que tratáis con un “purista de la vieja escuela”, no, realmente el turbo es el futuro inmediato, de hecho, lo son los turbos en cascada y biturbos, pero no son la panacea que muchos creen o predican. A mí lo que no me gustan son los “turbitos”, esos coches que con menos cilindrada que el bote de coca-cola que me estoy bebiendo anuncian unas prestaciones que ni el Renault Clio Williams de hace 15 años.
Ojo con esos, que tanto por tan poco, como mínimo da lugar a la sospecha.

"Insostenible Mascarada"



Llevamos unos meses en los que no nos dejan de sorprender con nuevas “perlas” (de caca) de la excrementísisma Dirección General de Tráfico producto de la diarrea mental de su director. Perdón por lo escatológico, pero es que ya huele.

Ahora ya conocemos las cuantías de las nuevas multas-impuesto y las nuevas faltas que jalonan le reforma de la Ley de Seguridad Vial que ya se encuentra en el Congreso para su tramitación.
Visto lo visto, llamarla “Ley de Seguridad Vial” suena a cachondeo, pues de sus normas se desprende más un fuerte tufillo recaudador que un sencillo interés por la seguridad de los conductores.

Podemos empezar por la supresión del “margen de gracia” que por 9-10 km/h de exceso de velocidad nos “perdonaba” la multa. Estos excesos es obvio que en su mayoría obedecían a despistes por parte del conductor, y no a su afán velocístico, pues entre ir a 120 km/h o a 126 km/h poca diferencia hay. De hecho, la más evidente es que el Estado se quedaba sin cobrar los 90 euros de multa. Y ahí les duele.

Por otro lado, el aumento del importe de las multas en algunos casos llega a multiplicar por 8 la subida del IPC anual. Vamos, que de pagar 301 euros se van a pagar 500 como importe fijo para las sanciones más graves (y no olvidemos que no detenerse completamente en un Stop ya es una sanción muy grave, por mucho que hayas reducido y mirado a ambos lados).
Todo esto lo tamizan con un descuento del 40% para quien pague raudo admitiendo su culpa por muy dudosa que sea, y es que, como ya se nos han reducido las posibilidades de recurrir… Ajo y agua.

Lo de los 6.000 euros de sanción por llevar dispositivos de detección de radar no me parece una ley, ni siquiera una norma. Lo que es es una cabronada.
Ahora vamos a pagar con intereses lo que nos hemos ahorrado en multas con dicho dispositivo. Porque insisto, la seguridad es secundario, lo que quieren es que pases por caja. Y es que si no… ¿Por qué no multar a los que llevan alerón, chip de potencia o escape deportivo en sus coches? Claro, porque ellos aunque su coche corra el doble que el mío y sea más peligroso no evitan las multas. ¿Seguri…qué?
Y amenazar con hasta 30.000 euros de multa a los talleres que los monten cuando cualquier mañoso lo puede hacer en casa (pero peor) es buscar instaurar una dictadura del miedo.
Modelo que ha funcionado con el carnet por puntos acongojando al personal. Qué pena.

En definitiva señor Navarro, más nos valía que se dedicara a señalizar bien nuestras carreteras y aprender a conducir un automóvil que a tomarnos por subnormales vendiéndonos reformas “por nuestra seguridad” cuando lo que de verdad quiere es nuestra cartera.
Y déjense ya de campañas ñoñas y farsantes, que sus éxitos vienen por inercia y ya nadie se cree su insostenible mascarada.

"Exceso de celo"


La crisis arrecia y lejos de pagarla los especuladores que en gran medida la causaron somos los ciudadanos de a pie los que sufrimos sus consecuencias.
Mientras unos cubren sus heridas con billetes de quinientos otros –nosotros- cruzamos los dedos porque no nos suban –más- la hipoteca, el precio del pan, la gasolina, el IBI o nuestra “amada” empresa nos ponga de patitas en la calle.
Los gobiernos municipales y autonómicos sobre todo buscan nuevas vías de financiación para sanear las pérdidas que el parón de la construcción ha ocasionado en sus arcas, y han encontrado una fórmula que vuelve a dejarnos a los conductores con “el culo al aire”. Se trata ni más ni menos de incrementar las sanciones y disminuir nuestra capacidad de recurso.

Respecto a lo primero cada vez son más numerosas las denuncias “peregrinas” que llegan a mis oídos (afortunadamente, aún no a mis manos…). En Galicia han multado a un hombre por ir hablando con su copiloto. En Madrid, a otro conductor por rascarse una oreja. En Cataluña le retiraron el carnet y le impusieron 1.500 euros de multa a un ciclista que paseaba tranquilo por su carril de vuelta a casa al dar positivo en un control de alcoholemia. A un amigo le multaron en la provincia de León por circular por el carril central en una autopista desierta. En otro punto otro individuo tuvo que hacer frente a una buena cantidad por no llevar recambio para cambiar las luces de xenon de su coche. Otra ciudadana vio cómo la grúa le retiraba el coche por pisar menos de un palmo de un paso de peatones de un solar sin construcción. Una pareja de Valladolid fue sancionada por no llevar encima la cartilla de vacunación de su perro perfectamente alojado en el maletero de su coche. Suma y sigue. Estoy esperando la primera detención por sacarse un moco en un semáforo.
Bien cierto es que aplicando de modo estricto el código de la circulación todo es punible, pero hasta ahora contábamos con el sentido común del guardia para no incurrir en “multas tontas”. Pero ya no, cualquier multa es recaudatoria y no conviene perdonar ninguna. Esas son las premisas que les han repartido a los agentes, que donde antes “miraban para otro lado” por lo banal de la falta ahora “miran hacia el mismo lado” pero para ocultar el bochorno que les significa perder el tiempo con semejantes zarandajas.
Y lo de multar con entre 3.000 y 30.000 euros a los portadores de "detectores de radar" es una vileza que nos da a entender lo poco que en realidad les importa nuestra seguridad, se trata de cobrar de una tacada todo lo que dichos dispositivos nos han ahorrado con su función. Patético.
Por no hablar de que la “Zona Azul” de aparcamiento de pago de Madrid ha ampliado enormemente su radio hasta tal punto que no sería extraño que en dos años llegase hasta Ávila.

Y ahora recurre, que donde antes había seis pasos ahora hay cuatro y los dos perdidos son los que a ti te daban mayor oportunidad de librarte de una sanción injusta.
Pero no todo es malo, puedes declararte culpabilísimo y pagar prontito con un descuentazo del 40%. Esto me suena a las declaraciones autoincriminatorias forzadas de la pelis americanas para pactar con el fiscal una reducción de condena aún siendo inocente, porque si no... "chaval lo llevas claro como lleguemos a juicio..."

Sirva todo esto como aviso amigos conductores. Poned presión a la rueda de repuesto, verificad que la placa de matrícula no está torcida, limpiad lo faros, al volante intentad estornudar lo menos posible o hacerlo con los ojos abiertos, no llevéis nada ni a nadie en vuestro coche, aparcad en batería en ese descampado que seguro hay a 10km de vuestra casa u oficina y andaos con ojo para no dar oportunidad ni a la legislación deficiente ni a esos agentes que, cumpliendo órdenes, andan aquejados de exceso de celo en su función.

"Intrusismo (poco) profesional"


Este mes pensaba hablar del nuevo recorte en derechos que nos propone la DGT al reducir las instancias ante las que reclamar una multa, pero un sucedido ha mudado mi interés.

El caso es que somos los chicos nuevos en el barrio, ya sabéis, y no ha tenido que pasar demasiado tiempo hasta que unos colegas nos tacharan de intrusos. El malentendido quedó en anécdota, pues nos conocimos, nos “medimos nuestros carnets de prensa" y resultó que ambos los teníamos igual de largos. No pasa nada y ni les culpo ni les guardo rencor, por supuesto, pues ellos con su actitud me pusieron de relieve uno de los problemas de esta maravillosa red: el intrusismo profesional. Este fenómeno los periodistas lo venimos sufriendo en todos y cada uno de los medios, pero en este digital, es exagerado.

Esta muy bien y siempre defenderé que todo el mundo opine, pero determinadas propuestas en el ámbito del periodismo del motor están dando al traste con la labor de los que llevamos más de una década haciendo de esto nuestra profesión.
Y es que si bien pocos sirven para ser astrofísicos, parece que todo el mundo sirve para ser periodista. Y no lo voy a negar, esto tampoco tiene demasiado misterio.

Pero es que yo, por mucho que sepa escuchar y casi siempre aconseje bien a mis amigos no me las voy a dar de psicólogo, y no sólo por el título que adorne la pared de mi despacho. Siempre hay “algo más”.
Tampoco voy a negar que hay intrusismo positivo, que yo considero casi mestizaje. Es más oportuno escuchar a un economista o un banquero hablando de economía que a un periodista especializado. Pero entiendo que ha de ser complementario, no excluyente.

También el director de proyecto de Ferrari puede hablar mejor que yo de su 599 Fiorano, pero es que nos lo va a intentar vender como lo mejor del mundo y tal vez no lo es. Se precisará de alguien que tamice sus palabras.
También el dueño de un Audi A5 Tdi será más capaz de hablar (bien) de su coche que yo que sólo lo que probado una semana. Pero es que yo no lo he pagado, y gracias a ello no tengo porque arrepentirme y ocultar sus defectos o no darles importancia. Además, yo siempre valoraré el coche en función del propio producto y su competencia, que también habré probado.

Respecto al punto de la “connivencia marca-periodista” prefiero callar pues no conozco todos los casos, pero deciros que por aquí somos políticamente incorrectos y no le debemos nada a nadie, así como pretendemos que nadie nos tome como “el pito del sereno” o nos considere amateurs o aficionados, pues ya es lo suficientemente complicado obtener credibilidad en este medio como para que nosotros mismos nos vayamos “rajando las ruedas”.

"Enhorabuena a Todos"


A la vista del último informe de siniestralidad en carretera referente a este verano de 2008 hemos de celebrar la consolidación de la tendencia descendente de los últimos 10 años. Y es que estos datos, incluso pudiendo estar manipulados, arrojan un balance inferior en 89 vidas que el mismo periodo del año 2007. Y esto es muy bueno y muy importante.

Los responsables de la DGT ante tan buenos datos no han dudado en empezar a colgarse medallas por lo efectivísimas que han resultado sus medidas de cara a la mortalidad en carretera. Una medidas destinadas a criminalizar, perseguir, detener, castigar y derribar a todos los conductores, metiéndoles el miedo en el cuerpo para que se “portaran mejor” estas vacaciones. Por mi parte sería injusto negar que un poco sí que les ha funcionado.
No obstante, a mí me gustaría pensar que el lograr este descenso en la mortalidad en nuestras vías obedece a mayor número de factores que el legislativo.

Empezando por nosotros mismos que poco a poco nos vamos concienciando sobre lo que nos jugamos sobre el asfalto, y somos más cautos y conscientes de lo que llevamos entre manos, convirtiéndonos en mejores conductores. También habría que incidir en que los fabricantes de automóviles cada vez incorporan de serie desde sus modelos más básicos un mayor paquete de medidas de seguridad activa y pasiva haciendo más difícil sufrir un accidente y, llegado este punto, sufrir las menores lesiones posibles.

Y por otro lado esta la mejora de nuestra red de carreteras, que si bien le queda mucho por prosperar, año tras año nos ofrece nuevos tramos más seguros por los que circular (dejando obsoleta la limitación de velocidad, por otra parte).

Todos estos factores, sumado al descenso en un 4,5% de los desplazamientos este verano, nos han brindado tan buenos resultados. Los mejores desde 1964 como reza y ensalza el Ministerio del Interior.
Y analizando estos números, me ha llamado la atención que la principal causa de accidentes mortales, con mucha ventaja sobre el exceso de velocidad y el irresponsable consumo del alcohol, han sido las distracciones. Por favor amigos, estad a lo que hay que estar, que cambiar un disco, programar el navegador o buscar un pañuelo puede ocasionar una fatal salida de la vía con resultados funestos. Parad en la cuneta -o donde se pueda- un momento y ya está. También me ha gustado ver cómo los accidentes han disminuido muy considerablemente entre los conductores más jóvenes (de esto deberían tomar nota las aseguradoras…) y también de noche, pues se demuestra que ante el “cambio de escenario” la gente va más atenta, como debe ser.
Pero no nos olvidemos que entre el 1 de Julio y el 31 de Agosto de este año 450 personas dejaron su vida en nuestras carreteras, y esto me entristece mucho.

Ojalá que sigamos esta tendencia en número y porcentaje y, dentro de muy pocos años, las únicas víctimas mortales del verano en carretera sean los mosquitos del parabrisas.

"Convivencia"


El otro día, mientras me hallaba realizando unas compras en el interior de un establecimiento de las afueras de la capital (IKEA de San Sebastián de los Reyes, para ser exacto) algún conductor/a bastante torpe decidió estampar su coche –blanco por las pruebas- contra la parte trasera de mi vehículo perfectamente estacionado en batería (entre sus dos rayas y con los espejos plegados). El empeñón dejó una profunda huella en mi parachoques trasero, piloto mellado de un lado y aleta trasera abollada.
A todo esto que salgo yo, cargado de bolsas y me encuentro con el "regalito". Vaya por Dios. Ni rastro del conductor/a culpable, tan sólo unos cristalitos en el suelo y rastros de pintura blanca. Pero, ni una tarjetita o papel con sus datos. “Hit and run” (golpear y correr) que dicen los americanos. Esto me mosqueó, es decir, me cabreó.

Afortunadamente mi seguro es a todo riesgo y mi coche estará pronto reparado sin coste para mi bolsillo, pero no por eso, me deja de parecer una vileza y una cabronada. Para esto existen las aseguradoras a las que pagamos sus generosas cuotas. Por eso es obligatorio que todos circulemos con cobertura. Pero está claro que a algunos parece que les da igual, o prescinden de este indispensable elemento o con la esperanza de que les bajen la cuota o yo que sé, escatiman los partes como si fueran escritos en papel de oro. Mira, pues no me parece bien pero cada uno con sus miserias, lo que me parece mal, es que si has ocasionado un perjuicio a otro, te vayas mirando hacia otro lado. Eso no se hace. Que quizá a este conductor o conductora le de igual llevar su coche –blanco- abollado durante años, pero a mí no. Quiero el mío tal y como lo dejé en el aparcamiento, y mi seguro no tendría que cargar con el importe de una reparación que me han causado otros, y que seguramente destruya mi bonificación.

Esto son normas básicas de convivencia que de un tiempo a esta parte se van perdiendo bajo el axioma imperante de “cada uno a lo suyo que todos tenemos nuestros propios problemas”.

Al caso una amiga me contaba que su padre, ya mayor y operado de la cadera, se cayó en la calle por un traspiés. Pasaron ante sus ojos diez personas hasta que un amable ecuatoriano le ayudara a levantarse y le acompañó al ambulatorio. ¡Diez personas! De verdad, me dan ganas de desearles el peor ataque de hemorroides a todos ellos…
Semanas atrás otro conocido se quedó sin batería en la calle e, inocente de él, se acercó a un taxista a ver si le dejaba enchufar las pinzas. 20 euros le pidió por la ayuda. Habráse visto desfachatez…

En otra ocasión fui yo el que prestó la ayuda pinzas en mano, aún estoy esperando que me den las gracias. Como espera agradecimiento el valiente Jesús Neira que en Majadahonda – Madrid - medió para que un hombre dejara de pegar a su pareja en plena vía pública. ¿Su premio? Que la ira de semejante animal de bellota cambiara de blanco y le propinase tales golpes que dejara al buen hombre en coma en una cama de hospital.
Suma y sigue. Necesitaría trillones de editoriales para dar cabida a las muestras de incivismo que se manifiestan en estos días en que cada uno va a lo suyo.

Y digo, menos individualismo mal entendido y tratemos de ser mejores personas, que vivimos en sociedad y el “hoy por ti mañana por mí” sólo depara cosas buenas. Que estamos aquí para ayudarnos (o al menos –y esto es importante- no “darnos por culo”), y que yo no tendría porqué cruzar los dedos cada vez que ahora, dejo mi coche en un aparcamiento.

"Legitimados para incordiar"


Ante la criminalización, persecución y penalización que los conductores sufrimos desde hace un tiempo por parte de la administración y autoridades, he observado desde hace pocas fechas como se han ido instalando en nuestras carreteras diversas conductas antes desconocidas. Así vemos conductores atemorizados y más pendientes de su velocímetro que de la carretera, frenazos a fondo ante la presencia de cualquier coche “sospechoso” en la cuneta, ataques de ansiedad ante la presencia de la Guardia Civil… y otros que, tomando la nueva ley de seguridad vial como bandera se sienten legitimados a incordiar a los que apuramos los límites de una ley (o conjunto de medidas) que nos parecen absurdas. Y hablo de aquellos conductores que en autopista toman como suyo el carril izquierdo y se instalan cómodamente en él a 100 km/h. Yo siempre he sido muy respetuoso, y rara –muy rara- ha sido la vez en la que haya dado las largas pidiendo paso o haya “presionado” subiéndome a la trasera del coche precedente (comportamiento harto censurable, por otro lado).

Generalmente, como interpreto que el vehículo al que pretendo adelantar también está efectuando la misma maniobra, me quedo detrás esperando. Tampoco soy de los que se vayan dos carriles hacia la derecha para adelantar por el “lado que no es”, aparte de irreglamentario, me parece una macarrada.
No obstante, cuando ya has recorrido más de una docena de kilómetros “chupando rueda”, estas medidas “desesperadas” se contemplan como necesarias. Y cuidado, no todo el mundo las entiende así. En ese momento te puedes encontrar con conductores que, ante tu intención de adelantarles, te cierren el paso, frenen, te insulten, te saquen algún dedo o, como fue mi caso, te escupan (lo cuál la verdad, lejos de ofenderme, me hizo gracia. Sobre todo al ver el resultado: el hombre acabó con el gorgojo en los asientos traseros de su Toyota). Éstos conductores no son conscientes que con su “exceso de celo” incurren en una peligrosidad mayor que la que tú puedas provocar con tu conducción “suicida y criminal” yendo a 132 km/h por una autopista despejada.

Pero es inútil intentar hacerles razonar. Y mucho más peligroso enfrentarse a ellos. Mi consejo, dejarles atrás (justo donde se haya su mentalidad) siempre que tu seguridad y la de los que te rodean no se vea comprometida. Y es que para sancionar ya tenemos al Estado, y de momento, no necesitamos niñeras, guardianes de la carretera ni del carril o exaltados y radicales que sin saberlo, se convierten en amenazas para todos los que circulamos con sentido común por nuestras carreteras.

"Descontrolados"


Hace pocas fechas estaba yo charlando con un “colega del motor” compartiendo puntos de vista sobre las bondades y carencias del modelo de utilitario con aspiraciones deportivas que acabábamos de probar. En prácticamente todo estábamos de acuerdo, hasta que en un momento dado, hablando acerca del comportamiento dinámico del coche mi compañero me espetó “…pero con el control de tracción desconectado…” a lo que yo le pregunté “¿Y para qué lo desconectas?”. Mi amigo se quedó desconcertado por la pregunta sobre todo viniendo de quien venía. “Pues para ver cómo va sin ello”, respondió. A lo que yo le hice una broma inquiriéndole si quería que le desmontásemos una rueda a su coche “para ver cómo va sin ella”. Ya desorientado, resolvió “Curro, no te entiendo, ¡un purista como tú!”. Purista tal vez, pero temerario desde luego que no.

Me explico. Si un modelo de automóvil dispone de serie de control de tracción y/o estabilidad, será por algo. Es un avance técnico que hace mucho más segura la conducción, si no en toda circunstancia, sí en las más desfavorables, incluyendo aquellas veces en que “manos poco expertas” decidan intentar ir “un poco más rápido” de lo que su nivel de conducción les marcaría.

Si los fabricantes permiten que estos elementos sean desconectables, es porque en muy contadas ocasiones estas ayudas electrónicas sí serán un estorbo. Por ejemplo, recuerdo una vez subiendo una rampa helada en una estación de ski y sin cadenas en que mi pobre control de tracción tiró la toalla y, si no lo desconecto permitiéndome un “avance a patinazos” (por mucho que le pesara al embrague…), todavía estaría parado a mitad de la cuesta.

También lo puedes desconectar en circuito. Lo cuál nos da a entender que ya dispones de cierto nivel de manejo. ¿Diferencias? Las hay. Yo hice la prueba con un AMG de Mercedes, con todo enchufado y sin enchufar. Fui 7 décimas de segundo más rápido con todo apagado. ¡¡7 décimas!! Tú verás si te compensa. A mí, con todo lo que me hicieron sudar los 400 y pico caballos a las ruedas traseras a la salida de cada curva… no lo vuelvo a apagar ni loco. Hombre, si te dedicas a las carreras, pues sí, claro.

Luego está el “placer de conducción”. Esto lo experimenté con el nuevo M3 de Bmw. Las primeras 3 ó 4 derrapadas bestiales están bien, pero a partir de las sexta curva en carretera abierta, asomar medio metro de mi trasera cruzada al carril del sentido contrario me pareció harto inconsciente.
Y daos cuenta, hablo de deportivos de raza, donde tanta potencia y tanto par puede marcar diferencias. En coches más normales, la discusión entre “lo pongo o lo quito” es todavía más estéril.

Por eso os digo que por mucho que oigáis o leáis lo “divertido” que es tal automóvil con las ayudas electrónicas desconectadas, vosotros mantengáis las vuestras siempre “ON”, pues 7 décimas de segundo no es tiempo como para jugarse la vida en una mala curva.

"Tecnoimbéciles"


El otro día tuve que acudir al auxilio de un vecino que recurrió a mí como último paso previo antes de llamar a la grúa a que le retiraran su coche “averiado”. El hombre, se había liado a tocar botones con el resultado de dejar su todo camino de última generación hundido y atorado en el parking.

En cuanto lo ví, me remangué la camisa, me encomendé a San Pito-Pato y me puse manos a la obra a trastear con su ordenador, pues estaba claro que el dueño había tocado algo que no debía repetidamente hasta “colgar” el sistema. Pues nada, con paciencia y el manual de instrucciones fui navegando por los menús, submenús, menús del día y platos a la carta hasta que poco a poco iba logrando devolver el coche a su configuración inicial. Cuando pensé que ya lo tenía todo un mensaje confuso en la pantalla multimedia propicio un paso en falso con la consiguiente vuelta atrás. Nada, cuestión de 15 minutos más –sumados a los 45 que ya llevaba- y listo. Como el hombre vio que “más o menos” me manejaba, me rogó que le acoplara su teléfono al coche, que él no se había logrado entender con el “blutú”. Veinte minutos más entre menús y listo. Tremendo.
Bien cierto es que yo no soy un as de la tecnología, pero es que cada sistema que los fabricantes deciden incorporar a nuestros coches para facilitarnos la vida, realmente nos la complican, y hasta extremos que nos hacen rozar la frustración.

Mi vecino, tras toda una vida de duro trabajo, ya en su senectud ha podido optar a comprar “un coche bueno”, grande, seguro, caro y moderno. Y ahora esta pensando en devolverlo y tratar de recuperar el Renault 21 que entregó a cambio. ¿Por qué? Porque no “entiende” a su nuevo coche. Y es que, amigos fabricantes, si bien la vida es un proceso de aprendizaje continuo, a los setenta y pico años con los que cuenta mi amigo, todo se te hace más cuesta arriba. Y su coche le hace sentir más viejo, tonto e inútil de lo que en realidad es –Si es que lo es algo-.

Yo trato de consolarlo diciendo que no es problema suyo, que yo antes bajaba al garaje, arrancaba y salía, y que ahora bajo, me siento, arranco, espero a que todas las “pantallitas” de mi coche se desperecen, configuro los reglajes de suspensión, respuesta al acelerador, dureza de la dirección, ayudas electrónicas, dejo que el navegador coja señal para introducir el destino, que el teléfono se acople al coche y buscar la canción 234.475 de 731.461.934.057 almacenadas en el mp3. En fin, un puñetero engorro que me hace madrugar 10 minutos más cada mañana para salir a la misma hora que siempre.
Señores de las marcas, ¿Están haciendo coches hoy en día sólo para “tecnofílicos”?

¿Por qué en sus coches –generalmente de gama alta- no incluyen como opción un botón “desconectarlo-todo-y-dejarme-vivir-tranquilo-conduciendo-como-siempre-he-conducido?

Que entre tanto "tecnoavance" de nuestra "tecnoera", con tanta "tecnoayuda" en nuestros "tecnocoches", de aquí a cinco "tecnoaños" acabamos todos "tecnoimbéciles" perdidos.



"Arrancamos"


Estimados amigos:

Creo que es oportuno comenzar este artículo, editorial o carta, con una presentación a modo de saludo y declaración de intenciones.

Me gustaría decir que currosanmiguel.com es un concepto nuevo, rompedor y revolucionario entre los que hablamos de motor en este país. Pero, a decir verdad, cuando todos los que hacemos posible esta “ventanita con ruedas” nos pusimos a analizar lo que hacen los compañeros (me niego a llamarlos “competencia”) vimos que lo que había era bueno, no lo voy a negar, y no era precisa tanta novedad, ni romper nada ni más revoluciones que las de nuestro motor.

Sin embargo, si dijera que nuestra web ofrece “más de lo mismo” también estaría faltando a la verdad, pues de hecho nuestra premisa es ofrecer “menos”. Menos pero más, me explico: Menos pero más cuidado, menos pero más cercano, menos pero más real, menos pero más claro, menos pero más…¿interesante?, tal vez. De hecho, desde ya te digo que de momento te puedes ir olvidando de comparativas a cuatro bandas de superdeportitos de 200.000 euros, artículos rimbombantes, condescendencia con marcas y fabricantes, recomendaciones imposibles, información apabullante o vídeos de “quemadillos” a 200 por hora en carreteras secundarias.

Y éste es un punto interesante en el que me quiero parar hoy.

Al albor del crecimiento de esta gran red de comunicación que es Internet han surgido una serie de personajes con un “severo afán de protagonismo y reconocimiento” que vuelcan su pasión por la automoción (que no dudo que la tengan) en hacernos a todos partícipes de sus “hazañas” a través de vídeos que cuelgan en sus “blogs” o páginas multimedia como la entretenida youtube. No hay más que teclear, por ejemplo, “GTI” y al instante te serán ofrecidas una serie de filmaciones que van desde “mi GTI de 180 a 230 en 5 segundos” a “Golf derrapando” pasando por piques con otros modelos en carretera abierta.

Bien, puesto que en currosanmiguel.com valoramos por encima de todo la seguridad al volante, nos desmarcamos de esos planteamientos temerarios, censurables y, en la mayoría de los casos, ilegales. Si llega el momento de correr o derrapar lo haremos, pero en un circuito. Porque en esta web tampoco somos “hermanitas de la caridad” ni “abuelitas al volante” (con mis respetos para ambos colectivos), sin embargo sí que somos fieles creyentes de que es perfectamente compatible el disfrute de nuestro automóvil con seguridad y responsabilidad, lo que tampoco quiere decir que "comulguemos con la rueda de molino” que la DGT nos quiere hacer tragar...(tiempo y espacio habrá para hablar de esto)

Y con todo y con esto no me queda más que despedirme deseando a todos que lo que veías os guste y poco a poco os vayáis animando a participar desde las diversas opciones que desde aquí os brindamos con mucho gusto.

Nos vemos en la carretera.

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