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"Montaje sin herramientas"


De entre los numerosos temas del motor que en mi agenda se prestan a comentario, hoy elijo uno que si bien no es de actualidad ni de importancia capital para el sector...
creo que por su calado social se debe tratar.

Hablo del montaje "sin herramientas" de muebles para jardín y garaje.

Y es que estaba yo dispuesto a acabar de una vez por todas con el desmán de mi garaje, que una vez limpio y libre de trastos se mostró mucho más grande de lo que yo recordaba cuando compré la casa. Tal era mi satisfacción que con el propósito de no cometer otra vez el mismo error (acumular sin orden ni concierto) acudí a una gran superficie para comprar una serie de muebles "ad hoc" con el fin de amueblar el espacio con criterios prácticos y un punto "curioso", por qué no decirlo.

Ya allí, en el Leroy Merlín, para mas señas, la oferta se reducía al mismo mueble (de pvc) de mismo color (gris) y de distintas puertas y capacidades. Solicité consejo a un dependiente que me dijo que eran "de muy buena calidad y fácil montaje", "¿Cómo de fácil", pregunté yo, "mucho, no hacen falta ni herramientas". Esto en un principio me dio pena, pues como buen "manazas" dispongo de todo el catálogo de dicho establecimiento en herramienta de mano, aunque a duras penas sepa usar un par de ellas. Pero bueno, por el otro lado me tranquilizó. "Si es juntar piezas clic-clac y punto no puede ser difícil, a mi el Lego nunca se me dio mal…" pensé.
Total, que hice acopio de varios ejemplares de dichos armarios y estanterías no sin antes hacer una composición mental de cómo se iban a ubicar en mi coche (y más tarde en mi garaje).
La cosa parecía sencilla, caber cabían en el interior de mi automóvil como predije, por donde no entraban era por sus puertas.
Tras veinte minutos de bochorno en el que sin duda parecía, visto desde fuera, un retrasado mental intentando meter el cuadrado de plástico por el hueco del triángulo, logré mi objetivo y mis cajas y yo llegamos a casa sin más contratiempo.

Una vez allí y sin más dilación que la que me produjo extraerlas del coche, me puse manos a la obra con su montaje.
Bien, en primer lugar, en una de las cajas venia el armario pero no sus instrucciones de montaje, y puestas todas las piezas en el suelo os juro que aquello parecía de todo menos lo que aparecía en la foto.
Bueno, guiándome por dicha foto empecé el proceso.

Como el Señor no me ha llamado por el camino del bricolaje, lo tomé con calma, sabiendo que una o dos veces me tocaría volver sobre mis pasos. Y así fue en tres ocasiones, algunas por mi culpa y otras por la suya. Porque el "montaje sin herramientas" implica que las herramientas son tus manos, y en función de cuantos dedos te quieras pillar con las clavijas, uñas romperte con los encajes y muñecas luxarte girando el mueble, lograrás un mejor o peor acabado.
El caso es que a punto de rendirme y aprovechando un descanso en el que fui a por tiritas, se me ocurrió abrir la otra caja, con armario gemelo en su interior. Allí sí que había instrucciones, aunque fruto de la mente de un sádico, y tras destacar el tan manido "montaje sin herramientas", recomendaba con simpáticos dibujitos, tener a mano un martillo, una maza de goma, un destornillador de cabeza plana, guantes y un nivel. Toma ya, ¡y no hacían falta herramientas!.
En fin, como no se me había dado del todo mal la primera experiencia (tardé 55 minutos -anunciaba 30-) y sólo me hice sangre una vez, me vine arriba y quise acabarlo todo antes de que mi pareja llegara a casa para darle una sorpresa.
Con el segundo mueble batí mi record: 40 minutos de reloj, pero es que claro, el martillo, la maza, el destornillador, los guantes y el nivel fueron claves en el desempeño.
Y yo seguía, como una moto.

Tocaba ahora un arcón de plástico, naranja por un lado y gris por el otro. De los 30 minutos (creo que es una cifra estándar) que sobre su caja se estimaba su tiempo de montaje empleé 28 en comprender sus instrucciones. Aquí no decía nada de maza ni martillo, pero no los alejé de mí por si las moscas.
Como digo, el manual de instrucciones precisaba de otro manual de instrucciones de las instrucciones. Pero yo, valiente, me lio con ello. Pîm-pam-me pillo un dedo, pum-pom-esto está al revés-me cago en todo… la parte naranja me ha quedado en la zona gris y viceversa, son las diez de la noche, ya ni sorpresa ni nada… esto lo acabo yo por mis santos… y cuando parece acabado, al accionar su "complejo mecanismo" (abrir la tapa) se me cae un lateral. Esto va a ser cosa del montaje sin herramientas, pienso. Cojo el martillo y lo remato con saña. Listo. A por otro.

El último elemento de lote era de nota: una estantería de metal, de las de toda la vida, pero de montaje… lo habéis acertado, sin herramientas.
Esto tiene su tema, porque de nuevo aparecía el dibujo del martillo en su caja. Yo, de todas formas, visto el éxito, no me había separado de él. El problema de amartillar objetos de chapa es que cogen en seguida una fea manía de abollarse, y así me pasó. Me quedó un mueble patizambo. Pero si sólo hubiera sido eso… El caso es que tras machacarme una mano haciendo fuerza (pero no mucha) con sus "fáciles ajustes" le tengo que poner las tablas que hacen de baldas. Y hombre, esto yo creo que se debería hacer dicho o hecho antes dados los dos metros y medio que mide la estantería. Porque claro, la primera -o la última, la de más arriba- tabla no se asentó como debía y se me cayó en la cabeza. Afortunadamente apenas sentí dolor del cabreo que ya tenía. Eran las cuatro de la mañana y yo allí seguía. Creo que al lado del dibujo del martillo deberían haber puesto uno de un casco y de una escalera… y de una caja de Valium.

Al final, tras seis horas de esforzado trabajo tenía: Un armario al revés, uno al derecho del que estoy muy orgulloso, un arcón grisaranja, una estantería que ya de recién montada parece que la han tirado desde una azotea, quince herramientas esparcidas por el suelo, tres dedos magullados, un chichón, un arañazo en la rodilla, lumbago, el dedo gordo del pie derecho malamente y 18/8 de tensión arterial. Cojonudo. Bien hecho. Menos mal que eran tan facilitos de montar. Hoy he ido a comprar un plafón de baño, entre el que "no necesitaba instalación" y el que sí, he elegido el que tenia pinta de precisar un máster del MIT para su montaje. Y oye, un acierto.

Por buscarle una analogía con el mundo del motor hablaré de los mecánicos de toda la vida que se manchaban las manos hurgando en tu motor porque "daba tirones" hasta dar con el problema desmontando medio bloque -era una bujía-, en comparación con los actuales que tiran un cabe de de la unidad de diagnostico hasta el enchufe de tu coche y esperan a que la pantalla les notifique (y hasta solucione) el problema.

Sólo espero que en el mundo de la automación no cunda el ejemplo "bricomanía" y que los coches se sigan montando con herramientas de precisión y no con "pestañas de fácil acoplamiento". ¿Os imagináis? "Fije la carrocería al chasis mediante leve presión sobre las cuatro pestañas del dibujo hasta que oiga clic". Sería la bomba, vamos.

Nada más, gracias por escucharme. A la próxima, prometo un tema del motor.

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Curro San Miguel [ Periodista, escritor y probador de coches ] www.currosanmiguel.com
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