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"Infoapabullamiento"


Cada vez son más las presentaciones de automóviles que giran en torno a la pantallita del salpicadero obviando u olvidando el resto del coche.
De hecho, en la última “première” a la que acudí, tres cuartas partes de la explicación sobre el nuevo modelo se las llevó el sistema multimedia que, para mayor escarnio, era opcional.

Que si el navegador es en 3D incluso 4D, que tiene conexión a Internet, que se controla por voz, que contempla un mando táctil donde dibujar garabatos, que tiene más de 1.000 aplicaciones disponibles, que te da el tiempo de mañana y el índice de valores bursátil en vivo y en directo, tiene Facebook, Twitter y PornoTube amén de conectarse con todos los teléfonos del mercado sin cable y permitiéndote manejar e intercambiar los datos de los mismos como por arte de magia. Y contempla TV, DVD, TDT, con tomas auxiliares para jack y usb, siendo capaz de reproducir formatos MP3, MP4, MPxx, JPG, JRPMEW y FMT-TL (FormaTo-ligo).
Apasionante, sobre todo cuando te dicen que estará “disponible en toda la gama”… desde 3.500 euros.

Sabéis que no soy un apasionado de la tecnología, pero tampoco reniego de ella, y estoy convencido de que alguien le encontrará enorme utilidad a que su coche cuente con todo lo expuesto (dos o tres personas en todo el planeta, pero oye, también cuentan).

A lo que voy, es que no me parece de recibo que todo el protagonismo de un automóvil totalmente nuevo lo acapare su sistema de “infoentretenimiento”.
En un primer momento pensé que todo se debía a una sutil maniobra de distracción por parte de las marcas para desviar la atención de lo que había bajo el capó o de lo pobre de los materiales de sus nuevos interiores. Pero no, lo que lo vuelve más flagrante todavía.

Recuerdo, por reciente, el debut del Mercedes S63 AMG. Se estuvo hablando 40 minutos sin interrupción sobre sus dos pantallas de información. El resto de especificaciones quedaron tan claras que, a la salida, un compañero arqueaba las cejas al preguntarme si entonces era un V8 o un V12 lo que lo propulsaba…
Le respondí que no estaba seguro, pero que tal vez en el menú de la pantalla central se podría configurar la V, la X, la Z y el número de cilindros correspondientes en función de los otros 2.340 parámetros ajustables pertinentes.

Pero es que el drama no acaba ahí, esa es solamente la punta del iceberg, un pedazo de hielo que congela la sangre a la hora de profundizar en su capacidad. Y que se esconde bajo la palabra “conectividad”, término con el que en serio, lo “flipan” en los departamentos oportunos de cada marca.
Resulta que ahora lo que parte la pana es estar disponible 24 horas al día, 7 días a la semana, aprovechando esos minutos “desperdiciados” que pasas en el coche.
Por ello la nueva tecnología te permite, sentado al volante, redactar e-mails, twitear tus andanzas, consultar Internet, recibir el destino al que acudir en el último momento desde tu oficina en tu navegador, participar en multiconferencias…

Genial. Yo no tuve ni teléfono ni coche de empresa hasta que fundé mi propia empresa, y bueno, pues no es lo mismo, pero comparto la opinión de un buen amigo que me contaba que él en su día se creyó el Rey del Mambo cuando la multinacional para la que trabajaba le puso a su disposición coche (un Ford Mondeo, ya sabéis, nacido para los comerciales de todo el mundo), un teléfono y un ordenador portátil. Tiempo después descubrió que los tres eran las tres mismas puntas del tridente de Lucifer. Ya no había excusa para no estar localizable todo el tiempo, ni para ir de aquí para allá sin importar la distancia y el horario y poder acabar ese informe pendiente en casa.

Parece que en este delirio de “produtividad” que nos trae la economía-casi-post-crisis, quiere ser delito desperdiciar un cuarto de hora en eso tan pueril que es el conducir.
Lo que resulta divertido por contradictorio –y hoy en día, ¿qué no lo es?- es que los accidentes por distracciones al volante están creciendo a un ritmo tan preocupante que la propia Unión Europea se plantea unificar criterios a la hora de limitar el manejo de los equipos multimedia de los coches mientras se conduce (no olvidemos que, por ejemplo en España, está sancionado toquetear el “navegador” mientras se va al volante).

Claro, que la solución de los fabricantes parece ser querer eliminar al humano de la ecuación. Quizá por eso la “conducción autónoma” avanza a pasos agigantados…

Llegado el momento, un portátil, el móvil y un taxi. Con lo que te ahorras, tienes de sobra para todas las carreras de ida y vuelta... mientras dure tu contrato.




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Curro San Miguel [ Periodista, escritor y probador de coches ] www.currosanmiguel.com
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