by AUTODOMINIS
EDITORIAL

"Como en la tele"


Algunos programas de televisión pueden darnos falsas esperanzas al afrontar empresas… cuya fórmula funciona mejor en la ficción.
Son muchos los programas “de motor” que a día de hoy inundan la parrilla de la TDT y plataformas digitales. En sentido estricto, son programas de entretenimiento que siguen a restauradores, “tuneadores” y vendedores de, casi en su totalidad, el otro lado del Atlántico.

Animados por lo que ven en pantalla y los pingües beneficios que parece generar tal negocio han sido varios los que han intentado probar con la fórmula en nuestro país. Y uno de ellos fue un conocido mío que, desoyendo mis consejos, se lanzó a la empresa –“el futuro es de los osados”- para año y medio más tarde acercarse a mí plegando velas con el consabido “Jo tío, tenías razón”.

Lo que yo le dije en su día lo dejo escrito aquí por si alguien está tentando de lanzarse a la aventura, para que se lo piense dos veces.

Lo primero que dije y que mantengo es que un programa de televisión es eso, un programa de televisión. Estas fórmulas buscan entretener y todo está atado de antemano y, en su mayoría, “guionizado”, amén de muy editado. No digo que los personajes no existan, pues he tenido ocasión de conocer a varios de ellos, simplemente, que sin llegar a ser actores, las situaciones en las que se ven inmersos suelen estar más o menos “preparadas”.

Continuaré diciendo que casi todos los proyectos afrontados por esta gente se refieren a coches clásicos, un mercado muy pujante en Estados Unidos y que aquí, en España, no deja de ser marginal/anecdótico. Y que sus “clásicos” son distintos a “nuestros clásicos”. O sea, mientras que allí te puedes encontrar con un Ford Mustang del 67 aquí del mismo año puedes aspirar a un Seat 600D o un Renault 8, con suerte.
Se pueden importar, restaurar y vender aquí, claro, que es por lo que optó mi amigo. Pero entonces las facturas se comienzan a disparar con transporte, aduanas, homologaciones, matriculaciones, etcétera. Y ponte luego a hacer el trabajo de taller. Obviamente estos programas rara vez contemplan el coste de mano de obra, que puede llegar a ser disparatado. Y a ver qué mano de obra tienes, pues si allí un Chevrolet Malibú del 70 es casi un coche vulgar, aquí el que tú traigas será el primero que vea tu mecánico. Y el único, seguramente.

Concluido el proceso, ponte a vender en una nación que carece de cultura de automoción (y de plazas de parking suficientes en las grandes ciudades). Y dado lo que has gastado, te verás obligado a pedir un precio caro, con lo que lo llevas todavía más claro.

Total, que como a mi amigo, al cabo de varios –muchos- meses te tocará vender por debajo del coste a uno de los pocos compradores que “habemos” por aquí o probar en subastas online a nivel europeo (otro día hablaré de ellas, que tampoco es oro todo lo que reluce…).

Y tras tiempo, esfuerzo y dinero descubrirás que las cosas no salen así-como-así salen en la tele.





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