by AUTODOMINIS
EDITORIAL

"Ni héroe ni villano"


No me gustan los coches diesel, lo reconozco. Pero de ahí a demonizarlos, hay un gran paso.

De hecho, varios compañeros de profesión que conocen mi poca afinidad con los automóviles de gasóleo, les sorprende que ahora salga en su defensa. Pero, como les digo, lo que me atraiga más o menos es una cuestión personal y lo otro, es un asunto de justicia.

Porque hemos vivido unos años de “dieselización” absurda. Compradores que apenas realizaban 10.000 kms al año apostaban sin dudarlo por el TDi, y estos motores animaban –y aún lo hacen- coches que por su planteamiento resultaban de lo más contradictorio. Como los pequeños urbanos y los descapotables, por ejemplo.
Sin embargo, esta respuesta del mercado era previsible ante la subida continúa de los precios del combustible y la optimización de los propulsores de gasoil por parte de los fabricantes, que se jactaban de lo eficientes y limpios (sí, sí, como lo oyes) que habían llegado a ser.

Obviamente todos en la prensa del motor sabíamos que aquello no era tal cosa y no era sino otra manera de vender más justificando así la inversión en su desarrollo.
Hasta ahí, allá cada cuál. ¿Que quieres comprarte un Mini Cabrio Diesel para hacer 3.000 kilómetros al año? Pues me parece una soberana gilipollez pero, aunque fundada, no es más que una opinión personal.

Del asunto de sus emisiones nocivas, el famoso NOX más peligroso que el actual ponderado CO2, se hablaba pero se tenía poco o nada en cuenta. Hasta que llegaron las nuevas normativas anticontaminación, los nuevos ciclos de homologación y los nuevos protocolos antipolución en grandes ciudades. Y para redondear la tormenta perfecta, los políticos de turno haciendo gala de su genuino desconocimiento e irresponsabilidad apuntillan el asunto con frases lapidarias que nos dan a entender que el diesel, si aún no ha muerto, sí que agoniza.

Algunos se rasgan las vestiduras con un cambio de tendencia tan precipitado y radical. Estos mismo está claro que no supieron leer entre líneas que las principales marcas algo se debieron oler tiempo atrás, y no lo digo por el lanzamiento continuo de novedades con mecánicas híbridas o eléctricas (aunque eso no es una mecánica en sentido estricto, si acaso, un “mecanismo”), sino por los nuevos motores de gasolina de pequeño cubicaje y turboalimentados que llevan dos o tres años saliendo periódicamente a la venta. Los pequeños TSi, Ecoboost, TCe, MPi, XFT, DiG-T, PureTech… etc.

Todos ellos constituyen una alternativa real y apropiada a los diesel “sin sentido”. Porque hay otros que sí seguirán teniendo toda la razón del mundo: los grandes todo caminos o SUV. Ahí a menos que seas un auténtico “petrolhead” como dicen los anglosajones, es una tontería apostar por un gasolina e incluso un híbrido. Son coches muy pesados, poco aerodinámicos y pensados para cubrir largas distancias por carretera. El gasoil es lo suyo.

Y tampoco nos debemos de inquietar por ello ni sentirnos –más- culpables por el planeta, pues estos coches diesel tampoco son el villano que nos tratan de vender en la actualidad. Todos cumplen normativa antigases en base al esfuerzo de las marcas por dotarlos de todo tipo de sistemas que logran rebajar su cifra de contaminación. Filtros anti partículas, aditivos de uréa, start&stop, cajas de cambios de 345 marchas… Cumplen normativa como el que más y por eso no se deben mirar con recelo ni descartar a la ligera.

Otra cosa son los vehículos diesel antiguos o a la venta de ocasión. Todo aquel con más de 10 años tarde o temprano puede “verse en problemas” y alguno acabar siendo carne de exportación. Pero eso tiene que ver con lo mucho que tardamos en cambiar de coche los españoles y lo envejecido de nuestro parque móvil. Y eso se soluciona, en parte, con otro plan de ayudas como lo fueron el Renove, Pive, Aire, Aire2 y demás. Que yo soy muy poco partidario de subvenciones y regalos, pero reconozco su valía en base a los datos que arrojaron eliminando casi medio millón de coches viejos y sucios de nuestras carreteras entre todos ellos. Supongo que, dado el cariz actual de diesel-igual-a-Satán que le han querido dar, se impone otro más.

Pero creedme: el diesel ni en su día fue la panacea, ni hoy por hoy, es el culpable de todos los males de la humanidad.





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