by AUTODOMINIS
EDITORIAL

"Descalzos"


Las idas y venidas vacacionales me vienen al pelo para incidir en un asunto de importancia capital. Hablo de las ruedas de nuestro coche.

El mes pasado fui a pasar la ITV del coche de mi pareja. En contraste con mi “favorable”, tanto el vehículo que me precedía como el siguiente a mí suspendieron la prueba, y ambos por el mismo motivo: estado de los neumáticos.

Uno de ellos se lo tomó como lo que es, una oportuna advertencia, y dio las gracias por ello pues no había reparado en el daño de las gomas. El otro se puso hecho un basilisco y, moneda de euro en mano, quiso demostrar al sufrido técnico de la estación que le comunicó su cate, cómo “todavía casi ni se veía la zona dorada de dicha moneda”. Se le hizo la prueba delante con el calibre digital que ellos usan y se le explicó que el mínimo son 1,6 mm por ley, y que el suyo apenas llegaba a 1,4. “Ya ves tú, por dos micras me tiran y me hacen volver”, exclamaba airado para luego añadir “pues voy a montar unos neumáticos usados y ya está”. Creo que también añadió algún insulto pero yo ya me estaba yendo ante la mirada resignada del chico al que le estaba tocando aguantar el chaparrón.

Pero me quedé con mal cuerpo de no hacerle ver lo grave de su equivocación, por eso insisto hoy aquí en ello.

No diré tanto que esas dos micras pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte en carretera, pues demasiado bajo me parece ya el límite legal, pero unas gomas en mal estado son el anticipo de un accidente o incidente casi con toda seguridad.
Y es muy chocante que en estos tiempos que corren de coches con todo tipo de ayudas y asistentes la gente siga descuidando un factor como este, tan crucial que de nada te va a servir toda esa tecnología de seguridad activa “new edge” que lleva tu coche como revientes, patines en un charco o tengas que hacer una frenada brutal.

Claro, entiendo que el hombre enfadado también le veía poco sentido a poner neumáticos nuevos en verano, con lo poco que llueve en este país a la que dejas Burgos en el retrovisor. Pues mirad, donde yo vivo hay rotondas por doquier bellamente ajardinadas –no lo digo con sarcasmo, son realmente bonitas- y estas en temporada estival se riegan todos los días. Y hay en concreto una que está en cuesta por lo que le sale por un lado una chorrera de agua que moja el carril interior. ¡Y no veáis cómo patinan los coches cada vez que la pisan!. Pero bueno, con un mínima corrección se sigue camino ya que se va despacio y el neumático recupera agarre de inmediato… a menos que esté gastado, como demuestran los tres porrazos –chapa y pintura, sin consecuencias- que me han contado que se han dado en lo que va de año (por cierto que uno quería “meterle un paquete” al ayuntamiento por ello).

Respecto a lo de montar neumáticos usados, se puede hacer -aunque no lo recomiende- teniendo claro qué es lo que vamos a montar: ruedas procedentes de siniestros, de coches de renting que las cambian por kilómetros y no por desgaste, gomas caducadas y similares. Gomas que cumplen la legalidad, por supuesto, pero es que como dije, esos 1.6 mm se me antojan tan escasos… Al fin y al cabo, son ruedas que te van a durar 3.000 kms de media. No sé si merece la pena, la verdad.

Porque hay neumáticos de segundas o terceras marcas de fabricantes de renombre con precios muy apañados y una calidad más que correcta. Sólo hay que atender al etiquetado que nos indica el nivel de ruido, adherencia en seco, en mojado, y duración de la goma. Una B e incluso una C en su agarre es preferible a neumáticos “reciclados”.

Pero allá cada cuál, simplemente, no la toméis con quien os diga lo contrario pues de lo único que os advierte, es de lo peligroso que resulta circular descalzos.





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