by AUTODOMINIS
EDITORIAL

"El chip prodigioso"


Salimos de una y nos metemos en otra. Del COVID a la crisis del microchip, parece que una mano negra sostiene del cuello al sector para que no levante cabeza.

Si bien es cierto que lo uno, es consecuencia de lo otro.
Lo explico. No es que de repente no haya semiconductores en el mundo, que Taiwan –la “China buena”- se niegue a suministrarlos o, como dicen otros, haya una alarmante escasez de materias primas.
Lo que ha sucedido es que durante la crisis sanitaria, los fabricantes por un lado vieron como sus ventas se desplomaban y por el otro fueron obligados a detener la producción por los parones de transporte y el confinamiento de sus empleados en todo el mundo. Así las cosas y siendo el de la automoción un sector bastante dinámico hoy en día, las grandes marcas suspendieron los pedidos de componentes en previsión de entre seis y doce meses de retracción del mercado.

Algunos sectores, como el tecnológico puro y duro, comenzaron a recuperarse antes, incluso incrementando ventas, con lo que volvieron a activar sus pedidos. También hubo fabricantes de coches que retomaron al cien por cien su producción antes de que acabase 2020 (asiáticos, fundamentalmente), reclamando a sus proveedores lo que se les había quedado atrasado. Éstos, al ver que otros seguían remoloneando, hicieron lo que toda buena empresa con afán de beneficio haría: les ofrecieron las cuotas que habían quedado sin entregar de otras marcas. Cosa a la que aquellos accedieron de muy buena gana.

Y en esto que después llegan las marcas europeas y dicen “ya estamos aquí. Mándanos lo nuestro”, y reciben una sonora pedorreta desde el este. Sus chips o semiconductores ya están vendidos, y no les queda otra que esperar nuevas remesas. Y sin prisas, porque para más drama, los que se conformaban con 50 -por ejemplo- y ahora compraron 100, se han acostumbrado a esas cantidades.

Buscando alternativa para no volver a parar la producción, los ejecutivos de compras de las marcas salen al mundo a buscar los componentes y descubren, oh sorpresa, que el 90% de los semiconductores provienen del mismo país cuando hace 10 años sólo lo hacía un poco más de la mitad. Catástrofe.

Estados Unidos, el siguiente productor aunque a años luz de los orientales, retiene su producción como si de chips prodigiosos se tratasen y, mientras los demás esperan porque no queda otra, el sector de la automoción aprende una importante lección: malamente se puede depender de un solo proveedor en este asunto, máxime cuando los coches se hacen cada día más y más tecnológicos y demandan mayor número de semiconductores. Así, entre unos y otros se ponen de acuerdo para tener factorías destinadas a chips en Europa y alguna más al otro lado del charco. Eso es lo bueno que se extrae de esta crisis.

Lo malo ya os lo imagináis o incluso puede que lo hayáis sufrido en vuestras carnes: coches ya fabricados almacenados en una campa porque les falta tal o cual chip para que funcione su sistema de infoentrenimiento, sistemas de seguridad o incluso la radio. Que no es broma. No diré que marca, pero hay una alemana para más señas que no te deja pedir no sé qué equipo de sonido porque no esperan chips para él hasta diciembre.

Que al menos avisan, porque en nuestro país se junta la tormenta perfecta con una subida de impuestos (matriculación) el 1 de enero de 2022, y coches que se pidieron en verano con margen y a un determinado precio puede que no lleguen a tiempo. Esperemos que si se da el caso, se pueda llegar a un acuerdo, porque al fin y al cabo, el consumidor no tiene culpa ninguna de que las marcas no hicieran una mejor previsión, utilicen componentes con mucha demanda y que en su mayoría vengan de China.

Confiemos en que superaremos este otro bache pronto y con bien… y agarrémonos para el siguiente.





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