by AUTODOMINIS
EDITORIAL

"2035 o el Camino a San Fernando..."


… Un ratito a pie, y otro caminando. Porque, o mucho cambian las cosas, o dentro de poco más de 10 años muchos veremos limitada nuestra movilidad a lo que quede al alcance de lo que podamos andar.

El despropósito ya está consumado: a partir del año 2035 no se podrán vender coches de combustión en Europa. La Unión Europea da la espalda a la industria más rentable del continente, a la mayoría de su población y se deja llevar, otra vez, por “lobbys ecolojetas” que, intentando salvarnos de nosotros mismos –o eso nos venden- nos acercan cada día más a la extinción.

Y digo cada día porque, si bien el año 2035 aun queda lejos y no pocas cosas pueden pasar entretanto en este mundo convulso y cambiante, a la vuelta de la esquina pende sobre la cabeza del sector la normativa anticontaminación más restrictiva de cuantas han existido, hablo de la Euro7 que tendría que ver la luz a primeros del año que viene.

Esta Euro7 ha puesto las cosas tan duras que tan sólo los automóviles con hibridación completa o de mecánica exclusivamente eléctrica la podrían pasar. Semejante desatino ha propiciado la reacción de los grandes CEOs de las marcas, siendo el del grupo Stellantis el más contundente. Vamos, que sólo le faltó espetar a los señores eurodiputados que podían meterse la normativa por el culo.

Y razón no les falta, pues actualmente el 95% del beneficio las marcas lo obtienen de los coches, mire usted por dónde, de mecánica convencional, es decir, la de combustión. Aquí queda patente la desconexión notoria y palpable entre la clase política y los ciudadanos, y cómo por mucha asfixia normativa, el pueblo es soberano –aunque cada vez menos- y acaba escogiendo lo que quiere, le sirve o necesita por encima de publicidades institucionales e historias apocalípticas de dudoso encaje.
Total, que si las marcas sólo pueden fabricar coches eléctricos, híbridos y/o con enchufe para vender en Europa, efectivamente dirigirán sus esfuerzos hacia ese tipo de coches, lo que implica, y aquí viene lo mollar, que sobran los modelos que no se podrán adaptar y por ende sobran fábricas y mano de obra. Así de claro se lo han dicho los patronos de las marcas a la UE. Y gracias a ello los burócratas europeos le están dando una “repensada” a la dichosa Euro7.

Pero no lancemos las campanas al vuelo. El camino, un camino suicida como el de la política energética de la Unión, está trazado. La descarbonización es la políticamente correcta meta, Europa se traga sus malos humos para que tanto Asia, África como América puedan contaminar a gusto y a nuestra salud. Lo que nos dejará, amén de con un aire muy limpio, con una industria reducida drásticamente y una cantidad de coches limitada, con unos precios elevados destinados a un público ciertamente escaso. Que de verdad, que los coches eléctricos no sirven para cualquiera, por mucho que nos vendan lo contrario.

En definitiva, llegaremos al año 2035 (o al 2040 si me apuras) con nuestra movilidad netamente reducida, que personalmente pienso que es el auténtico objetivo pretendido. Salvo las economías más desahogadas, el resto podremos disponer de un coche viejo con el que tendremos vetado el acceso a las ciudades, o un vehículo lamentable de carsharing de tanto en cuanto, mientras el resto del tiempo nos habremos de desplazar en transporte público, en bici, en patinete o, como cantó aquel que se viene haciendo el Camino de San Fernando: un ratito a pie, y otro caminando.
El progreso, ya sabéis.





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