by AUTODOMINIS
EDITORIAL

"Como un colador"


Sea por incompetencia de los gestores, por ideología, por latrocinio o por simple hijoputez, el estado de nuestras infraestructuras cada vez es peor. Los agujeros, literalmente, se multiplican.

Y lo que no será es por falta de dinero, pues la recaudación de hacienda esta en máximos históricos, pero es obvio que el dinero no se está poniendo donde hace falta (recordemos el mantra de los buenos pagadores de impuestos: hospitales, colegios y carreteras…) y las carencias aparecen debajo de la alfombra. Una alfombra deshilachada que ya no da de sí para tapar tanta ineptitud durante tantos años.

No me detendré en hablar del apagón tercermundista del año pasado, del abandono de los vecinos del sur de la ciudad de Valencia tras la riada ni del dramático accidente de Alta Velocidad en Adamuz, Córdoba, porque me van a faltar adjetivos calificativos (descalificativos, propiamente) para hablar de sus responsables, y no es cuestión de perder aquí los papeles, aunque fuera de manera justificada. Eso lo voy a dejar para las redes sociales.

Hoy abordaré un tema más liviano pero igual de hiriente, menos trágico –de momento- pero igual de representativo del estado calamitoso en el que se encuentra el país. Voy a hablar de los agujeros que como champiñones están brotando en nuestra red de carreteras, tanto en las vías principales como en las secundarias. Y lo hago al hilo de un comentario que no recuerdo dónde he escuchado –probablemente TVE- que trataban de justificar el fenómeno por las continuas lluvias de este invierno.

Claro, por eso en países donde las precipitaciones son constantes, Gran Bretaña mismamente, las carreteras son prácticamente inexistentes y la población se desplaza a duras penas en tractores esquivando zanjas y barro. Año sí año también.
¿O es por la nieve y el hielo? Será por ello que en Escandinavia, Alaska o el norte de Rusia la población está condenada a moverse a lomos de un alce de octubre a marzo. Vamos-hombre-no-me-j*das.

Sin duda que las lluvias constantes, las bajas temperaturas, la nieve o el hielo tienen su efecto destructivo sobre el asfalto, pero este primero se diseña para que aguante y después se mantiene de manera escrupulosa para que los daños ocasionados no representen peligro para la circulación. O sea, esto es lo que no pasa aquí.

Consultando con ingenieros expertos en la materia, me relatan no sin rubor que los asfaltados y reasfaltados de la red principal durante la última década han sido tan superficiales como parciales, o ya sabéis “renovaciones integrales de punta a punta que no incluyen cambiar las vías, ni las traviesas, ni el balastro de hace 30 años”, como en el caso de la red ferroviaria (que sería de risa sino hubiera resultado tan dramático). Las carreteras antiguas están mal parcheadas, mientras que las nuevas se hicieron con la oferta más baja para salir del paso. Con lo que cuando el clima se complica, sus problemas afloran en forma de agujeros, grietas, falta de adherencia o desapareciendo tramos por completo, como ya ha sucedido, por no tener -ni haber contemplado en su momento- canalizaciones o desagües.

Así ya son decenas las quejas que me llegan al mail de automovilistas con ruedas reventadas, y por ello me veo obligado a hacer una serie de recomendaciones: la primera circular con prudencia y atención. Máxime en el caso de vías como la N-IV en la que vemos carteles de “Firme en mal estado” (traducción: esto lleva años hecho una mierda pero pasamos de arreglarlo. Sale más barato el cartel) que nos anticipan que si antes había baches, ahora pueden ser socavones. Evitar, en la medida de lo posible, los carriles de la derecha en autovías y autopistas pues son los más castigados por el tráfico pesado, evitar charcos y acumulaciones de agua sospechosas pues pueden ocultar un agujero y, en el triste caso de haber sufrido un reventón por algún desperfecto en la vía, denunciar.

Llegado el momento, una vez inmovilizados en el arcén y fuera de peligro, con tu chaleco amarillo puesto, debes avisar a la Guardia Civil o Policía, lo que competa y, en lo que llegan, has de tomar fotos desde todos los ángulos del agujero, grieta o socavón y de los desperfectos de tu coche. Cuando lleguen las “Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado” les has de pedir que levanten atestado, que quieres denunciar. Todo ello se lo has de proporcionar a tu aseguradora, tengas el seguro a todo riesgo o a terceros, con el fin de que reclamen el dinero de la rueda o ruedas afectadas. Es cierto que en el caso del seguro básico te va a tocar a ti adelantar el gasto, pero si insistes conseguirás que la administración te devuelva el importe. Con sus tiempos, claro. No esperes que te digan nada antes de tres meses…

Y dado que los fabricantes de coches ahora se “ahorran” la rueda de repuesto –hay que sacar espacio para meter las baterías del sistema híbrido- y te dan un kit reparapinchazos que no vale para nada, te tocará llamar a la grúa. Si no la tienes incluida en el seguro, también debes reclamar el importe presentando factura.
A ver si, con lo que valen las ruedas hoy en día, con cincuenta o sesenta denuncias el responsable se “anima” a hacer mejor las cosas de cara a reparar el tramo.
Y toman nota de cara a las nuevas obras que sí o sí se han de acometer antes de que suceda alguna desgracia importante. Que las habrá de seguir así, no lo dudéis ni un segundo.

Así está España amigos. “Hecha unos zorros”, llena de goteras y con más agujeros en lo público que un colador. Una pena.






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