"¿Locura u otra cosa?"
Ninguna marca está a salvo de cometer un error de diseño. A lo largo de la historia del automóvil hay buenos ejemplos de ello. Sin embargo, cuando son varias marcas las que se “equivocan” a la vez…
... ¿No estaremos ante otra cosa?
Desde el Ford Edsel hasta el primer Fiat Multipla, pasando por el último Scorpio o el ignoto Renault Vel Satis, hasta llegar al BMW Serie 7 de cuarta generación, muchos han sido los coches poco agraciados que dieron más de un disgusto a sus fabricantes. Otros, igual de controvertidos en su estética, fueron sin embargo un éxito, como el primer Renault Twingo o el Ssangyong Rodius, donde la función sometía a la forma y el precio, siempre jugo a su favor.
Sin embargo, estos “fallos” se producían en distintas marcas, en distintos segmentos, y en distintos momentos.
Ahora es distinto. Los diseñadores que perfilan los modelos del segmento de lujo parecen haberse vuelto locos. Si el BMW XM resultó ser un camión de Prosegur con emblema Premium, al estilo del Cybertruck de Tesla, y el Jaguar Type01 el epítome de lo perdida que está la tradición de la casa del felino, los nuevos y recientes lanzamientos de Ferrari y Mercedes Benz, dos despropósitos con ruedas como el Luce y el AMG GT 4 puertas, nos dicen a las claras que esto no es una coincidencia ni un error. Es un nuevo lenguaje de diseño que viene a cambiar el paradigma del automóvil como hasta hace poco lo habíamos entendido. Al menos, el de super lujo.

Estos nuevos coches se presentan como elementos disruptores, como complemento “techy” (tecnológico-guay), como “gadget fashion” ultra exclusivo. Y es que los diseñadores de estos últimos productos ni siquiera vienen del mundo de la automoción, sino del mundo de la moda o la tecnología. Y no, tampoco ha sido un error contratarlos, las marcas quieren dar ese paso. Saben que hay un nuevo mercado al que dirigirse, uno al que algunos designan de manera despectiva como “nuevos-nuevos ricos”. Los herederos de los millonarios del “puntocom” que ahora generan grandes cantidades de dinero a gracias a nuevos empleos en el entorno de las redes. Todos muy jóvenes. Todos con muy poco interés en los coches y nulos conocimientos de los mismos. Aunque siempre hay honrosas excepciones…

Es un público que busca estar siempre a la última, y un automóvil “normal” no les mueve el ánimo. Pero un Ferrari cuyo interior ha sido diseñado por el creador el iPhone, un Mercedes con más ledes que el mercado de tecnología del Tokio o un Jaguar que parece el coche de La Pantera Rosa… eso es otra cosa. Es diferente, es caro, es tecnológico, es exclusivo y cuando lo aparcas en un reservado VIP, dice de ti que no eres una persona “convencional”. Para bien, y para mal.

Y es que en la feria de GoodWood de este año me contaron que las mascotas de moda en Londres son unas ovejitas enanas con la cara negra y aplastada, por las que la gente paga entre 10.000 y 15.000 libras. ¡17.000 euros por una p*ta oveja! Y hay tortas por conseguir una...
No obstante, para los que amamos los automóviles, aclarar que no debe cundir el pánico. Como las ovejas de lujo, los coches mencionados son productos de nicho. De escasa producción en línea con su limitada venta. Pero ninguna de sus marcas, al menos por el momento, va a replicar estos modelos hacia abajo. O eso me han comentado.

Primero porque así mantienen la exclusividad del producto y segundo porque no van a dejar de lado a su mercado tradicional. Todos excepto Jaguar, que son para darles de comer aparte.
Con menos estridencias y mejor tino es lo que hizo Lamborghini. Crean un Revuelto híbrido para satisfacer a legisladores y nuevo público pero no descuidan el Urus y compañía, que son los que piden los verdaderos apasionados de sus coches.
Así, los nuevos modelos no son “locuras” o “cagadas” extemporáneas. Son otra cosa para otro público, mercado chino incluido.
Y tal vez, a no mucho tardar hasta les tengamos que dar las gracias, pues estos compradores sanean las arcas del fabricante y ayudan a cumplir con las normativas europeas kafkianas, haciendo posible que las marcas sigan fabricando y vendiendo los coches que la gente realmente quiere.
Desde el Ford Edsel hasta el primer Fiat Multipla, pasando por el último Scorpio o el ignoto Renault Vel Satis, hasta llegar al BMW Serie 7 de cuarta generación, muchos han sido los coches poco agraciados que dieron más de un disgusto a sus fabricantes. Otros, igual de controvertidos en su estética, fueron sin embargo un éxito, como el primer Renault Twingo o el Ssangyong Rodius, donde la función sometía a la forma y el precio, siempre jugo a su favor.
Sin embargo, estos “fallos” se producían en distintas marcas, en distintos segmentos, y en distintos momentos.
Ahora es distinto. Los diseñadores que perfilan los modelos del segmento de lujo parecen haberse vuelto locos. Si el BMW XM resultó ser un camión de Prosegur con emblema Premium, al estilo del Cybertruck de Tesla, y el Jaguar Type01 el epítome de lo perdida que está la tradición de la casa del felino, los nuevos y recientes lanzamientos de Ferrari y Mercedes Benz, dos despropósitos con ruedas como el Luce y el AMG GT 4 puertas, nos dicen a las claras que esto no es una coincidencia ni un error. Es un nuevo lenguaje de diseño que viene a cambiar el paradigma del automóvil como hasta hace poco lo habíamos entendido. Al menos, el de super lujo.

Estos nuevos coches se presentan como elementos disruptores, como complemento “techy” (tecnológico-guay), como “gadget fashion” ultra exclusivo. Y es que los diseñadores de estos últimos productos ni siquiera vienen del mundo de la automoción, sino del mundo de la moda o la tecnología. Y no, tampoco ha sido un error contratarlos, las marcas quieren dar ese paso. Saben que hay un nuevo mercado al que dirigirse, uno al que algunos designan de manera despectiva como “nuevos-nuevos ricos”. Los herederos de los millonarios del “puntocom” que ahora generan grandes cantidades de dinero a gracias a nuevos empleos en el entorno de las redes. Todos muy jóvenes. Todos con muy poco interés en los coches y nulos conocimientos de los mismos. Aunque siempre hay honrosas excepciones…

Es un público que busca estar siempre a la última, y un automóvil “normal” no les mueve el ánimo. Pero un Ferrari cuyo interior ha sido diseñado por el creador el iPhone, un Mercedes con más ledes que el mercado de tecnología del Tokio o un Jaguar que parece el coche de La Pantera Rosa… eso es otra cosa. Es diferente, es caro, es tecnológico, es exclusivo y cuando lo aparcas en un reservado VIP, dice de ti que no eres una persona “convencional”. Para bien, y para mal.

Y es que en la feria de GoodWood de este año me contaron que las mascotas de moda en Londres son unas ovejitas enanas con la cara negra y aplastada, por las que la gente paga entre 10.000 y 15.000 libras. ¡17.000 euros por una p*ta oveja! Y hay tortas por conseguir una...
No obstante, para los que amamos los automóviles, aclarar que no debe cundir el pánico. Como las ovejas de lujo, los coches mencionados son productos de nicho. De escasa producción en línea con su limitada venta. Pero ninguna de sus marcas, al menos por el momento, va a replicar estos modelos hacia abajo. O eso me han comentado.

Primero porque así mantienen la exclusividad del producto y segundo porque no van a dejar de lado a su mercado tradicional. Todos excepto Jaguar, que son para darles de comer aparte.
Con menos estridencias y mejor tino es lo que hizo Lamborghini. Crean un Revuelto híbrido para satisfacer a legisladores y nuevo público pero no descuidan el Urus y compañía, que son los que piden los verdaderos apasionados de sus coches.
Así, los nuevos modelos no son “locuras” o “cagadas” extemporáneas. Son otra cosa para otro público, mercado chino incluido.
Y tal vez, a no mucho tardar hasta les tengamos que dar las gracias, pues estos compradores sanean las arcas del fabricante y ayudan a cumplir con las normativas europeas kafkianas, haciendo posible que las marcas sigan fabricando y vendiendo los coches que la gente realmente quiere.


