by AUTODOMINIS
EDITORIAL

"Manto blanco"


Nada rellena mejor un informativo que el frío del invierno o el calor en verano. Sin embargo, tras el colorín, se esconde una realidad tan peligrosa como invisible.
Nueva ola de frío y las mismas imágenes de siempre pueblan los telediarios. Que si aquí ha nevado como no lo hacía desde 25 años atrás, que las intensas precipitaciones han cogido a los vecinos de Villa arriba desprevenidos, que a Villa abajo no ha podido llegar el camión del butano, que menuda rasca hace en pleno invierno en la sierra -fíjese usted que raro-… etcétera.

Mientras, los conductores observamos entre preocupados y divertidos la previsión del tiempo para los próximos días por si nos toca montar cadenas ante el peligro de quedarnos atrapados en mitad de la red secundaria en Puerto Pajares o en Torremocha del Camino.

Porque las ruedas de invierno, a día de hoy siguen siendo unas grandes desconocidas.
O bueno, quizá sí que se conocen, pero su coste, el montaje y su almacenaje durante los meses cálidos o templados –la mayoría en estas latitudes- los convierten en artículos casi de lujo o tan sólo de extrema necesidad. Yo tampoco quiero insistir sobre este punto, pues reconozco que su utilidad es bastante limitada, y su coste, muy alto. Además, la nieve, rara vez “mata”, sino al contrario, nos deja bloqueados en el camino como queriendo protegernos del verdadero peligro: el hielo.

La nieve se ve. Uno descubre los márgenes de la carretera cubiertos de un manto blanco y ya se pone en guardia, baja la velocidad y extrema las precauciones. De esa manera, podemos superar el expediente indemnes o con poco más allá de chapa y pintura al salirnos tímidamente a la cuneta.
El hielo es mucho más sibilino, hasta el punto de pasar desapercibido… hasta que ya es tarde.
La única víctima mortal en carretera de esta ola de frío llegados a estos primeros días de marzo ha sido un conductor que se salió de la vía a cierta velocidad dando media docena de vueltas de campana tras haber topado con una placa de hielo en una vía aparentemente “despejada”, con apenas dos o tres manchones de nieve en sus arcenes. El peligro transparente hizo una nueva presa.

Las temperaturas bajo cero y una humedad ambiente algo más elevada de lo habitual ya han de ser motivos suficientes como para estar bajo aviso y conducir con la misma prudencia que si nos enfrentáramos a la tan estética nieve, recordando que no hace falta que se de esta última para que aparezca el hielo sobre el asfalto. Y esto de noviembre a abril, se da con relativa frecuencia.

Quizá, llegados a este punto, aquellos que descartan unas gomas de invierno excusándose en las “dos o tres veces al año que en realidad nieva” se lo deban volver a plantear por las “quince o veinte veces al año que en realidad hiela”.
Es cuestión de valorarlo

Pero ante todo, prudencia... y sal por nuestras carreteras.









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