Mazda 3 eSkyactiv-G
" El triunfo de la razón... y el corazón "
Podríamos considerar a Mazda como el fabricante rebelde de nuestros días. Sin embargo, lo único que hacen los nipones es aplicar soluciones que funcionan a una gama de modelos de lo más atractiva y asequible.
Durante la crisis del petróleo de la década de los 70, mientras la mayoría de fabricantes se afanaban en reducir prestaciones, peso y cilindradas para con ello rebajar consumos, un fabricante japonés, Toyota en aquel caso, tomó una dirección distinta: la de quemar mejor la gasolina.
Así creó el motor CVCC, un prodigio de la eficiencia que se merendó a su competencia europea y, sobre todo, norteamericana.
Casi medio lustro después otra marca japonesa, Mazda en este caso, ha tomado la misma determinación. En lo que otros desarrollan costosísimas alternativas híbridas y eléctricas para reducir emisiones, ellos vuelven a ganar por la mano demostrando que una mejor combustión, pero combustión, es posible.

Así nació la nueva generación de motores e-Skyactiv G los cuales, para no perdernos en tecnicismos, son capaces de funcionar con una mezcla muy pobre de gasolina sin detrimento de las prestaciones ni de las sensaciones. Eso permite mantener los costos bajos, pues no se añaden elementos a la mecánica, así como conservar la fiabilidad, proporcionando la valiosa experiencia de conducir un automóvil “de verdad” o “de los de siempre”. La razón se impone para asimilarse al corazón.
Sobre el papel todo muy bonito, pero… ¿Funciona de verdad? Ya os adelanto que sí, pero no hace falta que lo diga yo. Basta con ver el espectacular crecimiento en ventas que la marca del sol naciente viene experimentando en nuestro país durante los últimos años. Y es que la gente no es tonta, por mucho que la intenten tratar como tal nuestros políticos.
Del aspecto exterior de este Mazda 3 no diré demasiado. Es un modelo de sobra conocido, por eso escogimos la versión sedán, la que menos se ve, por aportar un plus de originalidad y de maletero.
Estéticamente el Mazda 3 es un coche bonito. Moderno, afilado, deportivo y elegante. Con detalles aquí y allá incluso en esta versión básica –“Prime Line”- de la gama.
La parrilla subrayada por ese listón cromado que se extiende bajo esos faros afilados le da al coche una mirada dinámica, casi agresiva. Por cierto que las luces de día son bombillas convencionales, mientras que el grupo principal sí que es de LED en todas sus funciones y, cosa rara en “nuestros días de escasez”, incluye lavafaros.

El perfil está muy bien proporcionado, con un morro largo y una zaga corta, sin otra floritura que un listón brillante siguiendo el contorno de las ventanillas.
Su longitud de 466 cms lo aleja del segmento compacto para meterle en el de berlinas… de antaño. Antes de que todas se hormonasen.
Las llantas, en este caso, son de 16 pulgadas, de aleación y con un bonito diseño. De serie.
La parte trasera me gusta mucho.
La tapa del maletero está modelada en arco siguiendo el contorno del coche y su final se extiende a modo de pequeño alerón. Los pilotos siguen el diseño de los frontales con estética afilada y combinación de LED con bombilla convencional, bueno, incluso han hecho que algunos ledes se enciendan como bombillas convencionales (intermitentes), y no me preguntéis porqué.
La M del logo de Mazda esconde el sistema de apertura de la tapa y bajo ella hay un gran paragolpes envolvente sin más interés que el de las dos salidas de escape, auténticas y verdaderas, en cada uno de sus lados.

Diremos para resumir, que el exterior de este Mazda 3 es sencillo pero atractivo, dinámico pero sin alardes.
Y lo mismo pasa en el interior.
Nos situamos en el puesto del conductor y nada nos chirría, todo está bien hecho y en su sitio. Sin duda no llama la atención, o no la llama ahora, pero esperemos a que las pantallas se pasen de moda…
Los asientos son grandes, cómodos, con múltiples regulaciones y la suficiente sujeción lateral para sentirnos a gusto frente a un volante deportivo, de tres radios con multifunción mediante “botones auténticos” y forrado de un cuero agradabilísimo al tacto.

Tras él hay una instrumentación que mezcla lo analógico con lo digital, haciendo que esto último se parezca a los primero. Como lo que hablada de los intermitentes LED…
Quiero decir, que la marca quita el velocímetro del centro para sustituirlo por una pantalla… que muestra el velocímetro. Por mi bien pero… Bueno, ahí lo dejo.
De todas formas es configurable (no mucho) y la información mostrada se hace de manera clara y completa. Un vistazo y sabes a qué velocidad vas, cuánta gasolina te queda, cuánto estas gastando, la temperatura del motor, sus revoluciones y cuál es el dichoso límite de la vía por la circulas. Todo en menos de dos segundos, cosa imposible en la mayoría de los coches que probamos últimamente, cuyos cuadros digitales son una mezcla entre la pantalla de diagnosis de un Boing 787 y un mapa medieval del tesoro.
Para reforzar esa idea de puesto de mandos bien pensado, el Mazda nos obsequia con una botonera a nuestra izquierda en la que a golpe de tecla podemos desactivar en menos de los que se tarda en decir “desactivar” los molestos pitidos de los intrusivos sistemas de asistencia obligatorios por normativa.
La parte central del salpicadero la ocupa, en su parte alta, la pantalla de 10,25 pulgadas (un tanto pequeña, un tanto alejada) referente al equipo multimedia, con navegador de serie y un equipo de sonido con ecualizador gráfico de 13 canales. No veía uno desde finales de los ochenta. Para los que no sepáis lo que es simplificaré explicando que es como el control de graves, medios y agudos, llevado a nivel cuasi profesional.
El climatizador no es tal, sino un sencillo y solvente equipo de aire acondicionado que funciona de maravilla y calienta super rápido el habitáculo. Si quieres climatizador tendrás que recurrir al nivel siguiente de equipamiento. A mi con esto me vale, la verdad. Aunque reconozco que me hubiese gustado contar con calefacción en los asientos en estos días tan fríos…
Superadas las salidas de ventilación llegamos a un hueco donde dejar/cargar el móvil, un par de posavasos y, ya entre los asientos, tras la palanca de cambios encontramos una rosca que opera sobre el multimedia, funcionando la mar de bien y haciéndolo todo requetesencillo.
Sólo queda mencionar el apoyabrazos forrado con una más que decente capacidad en su interior.
Todos los materiales están un punto (o punto y medio) por encima de lo esperado en un compacto de su precio siendo su tacto y sus ajustes sencillamente sobresalientes. Sí que es verdad que tengo una pequeña queja: los acabados negro piano. Son imposibles de mantener limpios más de 30 segundos.

El espacio trasero no es para tirar cohetes, no olvidemos el segmento en el que nos encontramos a pesar de conducir un coche “con culo”. Dos adultos irán bien, tres… pues no tanto.
Al utilizar la misma plataforma que otros Mazda con tracción a las cuatro ruedas, tenemos que lidiar con el resalto del túnel central que condiciona el confort de las piernas de los pasajeros. Nada terrible, pero digno de ser tenido en cuenta.
Al menos la caída del techo no es muy acusada, dejando suficiente espacio para la cabeza.
El maletero es un sencillo y sincero hueco de 450 litros, una medida reseñable. La boca de carga no es muy grande y los brazos que levantan la tapa estorban un tanto a la hora de intentar introducir objetos voluminosos.
Los respaldos se abaten mediante un par de prácticos mandos muy accesibles situados muy a la vista.

Dicho esto, entramos en harina.
Bajó el capó de este Mazda encontramos un “enorme” motor atmosférico de cuatro cilindros, de ni más ni menos que de 2.5L de cilindrada. Si nos quedásemos sólo ahí pensaríamos en consumos por encima de los 9 litros de media y emisiones por encima de los 195 gr/km. Sin embargo, este coche se conforma con 5,9 litros a los 100 kms y emite menos de 130 gr/km, lo que le otorga la etiqueta ECO de la DGT.
¿Cómo?

Bien, para empezar diremos que es un motor tranquilo. Su régimen de potencia máxima (140CV) de obtiene a tan sólo 5.000 rpm, es decir, como un diesel. Su relación de compresión es de 13/1 y, como ya comenté, la inyección suministra una mezcla muy pobre de gasolina a medio/bajo régimen (que suele ser la mayor parte del tiempo) sin que el motor rechiste. También hay que contar con un mínimo apoyo eléctrico (por eso lo de la “e”) en forma de generador de corriente eléctrica de 24v alimentado por una pequeña batería de 0,17 kwh situada en los bajos del maletero.
Así, podríamos tomar al Mazda 3 e-Skyactiv-G como un “híbrido ligero al uso”, lo que no sería faltar a la verdad, sin embargo, es mucho más.

Nada más arrancar el motor (a todo esto, con una llave que hay que acercar al botón de encendido, no basta con tenerla en el bolsillo) se percibe un sonido que denota que no estamos ante un motor ridículo de tres o cuatro cilindros y cubicaje de motocicleta. No, se nota que hay “chicha” frente a nosotros. Y suena bonito, tanto que Mazda ofrece una salida de escape deportiva en su lista de opcionales para redondear algo más la armonía.

Accionamos marcha atrás y vemos por la cámara (de serie) cómo nuestros dos escapes dejan escapar sendas nubes de vapor merced a la humedad en el ambiente y el frío invernal.
Maniobramos con destreza pues tiene buen ángulo de giro y gran visibilidad y emprendemos camino. La temperatura exterior es inferior a los 2 grados y nos complace comprobar cómo la ventilación comienza a soplar aire caliente al interior en apenas tres minutos y de que el dichoso sistema start/stop nos deja tranquilos, al menos hasta que el motor coja temperatura. De todas formas, se puede desconectar a golpe de tecla, a la izquierda del volante, donde ya comenté.
Entretanto vamos subiendo marchas, sin prisa y sin más drama que el tacto algo pastoso del embrague de esta unidad que, por su kilometraje, claramente ha pasado ya por muchas manos y muchos pies izquierdos.
Constatamos que el japonés no tiene unos grandes bajos pero basta con pisar un poco el acelerador para llevar la aguja del tacómetro a las 2.000 vueltas para que el coche se sienta en su salsa. No hay modos de conducción en este acabado. Tu pie derecho decide lo deportivo o lo económico que vas.
Y escogerás lo primero, porque el chasis del 3 es una gozada. Incluso en esta variante básica y cuatro puertas se le notan las maneras.

La dirección es rápida y directa, frena bien, bachea sin perder la compostura, aunque yo creo que podría ir algo mejor con un poco más de rueda.
La caja de cambios de 6 velocidades está bien escalonada, con las dos primeras relaciones algo largas para suplir la falta de mordiente del coche a bajas revoluciones. El manejo es preciso con recorridos cortos de palanca y bien marcados.
El motor es una gozada. Son “sólo” 140CV pero rinden de manera extraordinaria. Una vez lanzado, el interior es silencioso, y sólo escuchas un atractivo bramido si elevas el ritmo.
Por lo demás, es un coche moderno con el tacto de uno de hace 20 años, antes de que casi todos se volvieran tan aburridos de conducir. Y es que, ciertamente, más allá de su fantástica relación calidad/precio, es un modelo para los que les gusta conducir.
Así, pongo entre poco y ningún cuidado en nuestro recorrido mixto de consumo. Me gusta como va, me da igual lo que “se beba”. Y la sorpresa salta cuando verificamos el dato: 6,2 litros de media reales. Y os juro que no fui despacio.
A lo largo de la semana conseguimos bajar incluso una décima, tal vez se pueda ir a más (a menos, mejor dicho), pero sinceramente, no merece la pena intentarlo.
Es un automóvil tan gratificante de conducir que le perdonas con gusto ese pequeñísimo desfase con respecto a los datos oficiales.

Un Mazda cuya eficiencia mecánica da la razón al camino escogido por la marca y, cuya dinámica de conducción marca así mismo el triunfo del corazón.
Y si necesitas más motivos para valorarlo, te diré que esta versión está a la venta por menos de 27.000 euros, y que su equipamiento de serie, a pesar de tratarse de un modelo de acceso, ya contempla añadidos que en otras marcas más caras son opción, como en head-up display, un buen equipo de sonido o el mencionado navegador.
En definitiva y según voy mirando sus informes y datos de ventas, un éxito de crítica –a la que me sumo- y de público, del todo merecido para este Mazda. Incluso no descartaría que en su día, uno de estos ocupe un lugar en mi garaje.
Así creó el motor CVCC, un prodigio de la eficiencia que se merendó a su competencia europea y, sobre todo, norteamericana.
Casi medio lustro después otra marca japonesa, Mazda en este caso, ha tomado la misma determinación. En lo que otros desarrollan costosísimas alternativas híbridas y eléctricas para reducir emisiones, ellos vuelven a ganar por la mano demostrando que una mejor combustión, pero combustión, es posible.

Así nació la nueva generación de motores e-Skyactiv G los cuales, para no perdernos en tecnicismos, son capaces de funcionar con una mezcla muy pobre de gasolina sin detrimento de las prestaciones ni de las sensaciones. Eso permite mantener los costos bajos, pues no se añaden elementos a la mecánica, así como conservar la fiabilidad, proporcionando la valiosa experiencia de conducir un automóvil “de verdad” o “de los de siempre”. La razón se impone para asimilarse al corazón.
Sobre el papel todo muy bonito, pero… ¿Funciona de verdad? Ya os adelanto que sí, pero no hace falta que lo diga yo. Basta con ver el espectacular crecimiento en ventas que la marca del sol naciente viene experimentando en nuestro país durante los últimos años. Y es que la gente no es tonta, por mucho que la intenten tratar como tal nuestros políticos.
Del aspecto exterior de este Mazda 3 no diré demasiado. Es un modelo de sobra conocido, por eso escogimos la versión sedán, la que menos se ve, por aportar un plus de originalidad y de maletero.
Estéticamente el Mazda 3 es un coche bonito. Moderno, afilado, deportivo y elegante. Con detalles aquí y allá incluso en esta versión básica –“Prime Line”- de la gama.
La parrilla subrayada por ese listón cromado que se extiende bajo esos faros afilados le da al coche una mirada dinámica, casi agresiva. Por cierto que las luces de día son bombillas convencionales, mientras que el grupo principal sí que es de LED en todas sus funciones y, cosa rara en “nuestros días de escasez”, incluye lavafaros.

El perfil está muy bien proporcionado, con un morro largo y una zaga corta, sin otra floritura que un listón brillante siguiendo el contorno de las ventanillas.
Su longitud de 466 cms lo aleja del segmento compacto para meterle en el de berlinas… de antaño. Antes de que todas se hormonasen.
Las llantas, en este caso, son de 16 pulgadas, de aleación y con un bonito diseño. De serie.
La parte trasera me gusta mucho.
La tapa del maletero está modelada en arco siguiendo el contorno del coche y su final se extiende a modo de pequeño alerón. Los pilotos siguen el diseño de los frontales con estética afilada y combinación de LED con bombilla convencional, bueno, incluso han hecho que algunos ledes se enciendan como bombillas convencionales (intermitentes), y no me preguntéis porqué.
La M del logo de Mazda esconde el sistema de apertura de la tapa y bajo ella hay un gran paragolpes envolvente sin más interés que el de las dos salidas de escape, auténticas y verdaderas, en cada uno de sus lados.

Diremos para resumir, que el exterior de este Mazda 3 es sencillo pero atractivo, dinámico pero sin alardes.
Y lo mismo pasa en el interior.
Nos situamos en el puesto del conductor y nada nos chirría, todo está bien hecho y en su sitio. Sin duda no llama la atención, o no la llama ahora, pero esperemos a que las pantallas se pasen de moda…
Los asientos son grandes, cómodos, con múltiples regulaciones y la suficiente sujeción lateral para sentirnos a gusto frente a un volante deportivo, de tres radios con multifunción mediante “botones auténticos” y forrado de un cuero agradabilísimo al tacto.

Tras él hay una instrumentación que mezcla lo analógico con lo digital, haciendo que esto último se parezca a los primero. Como lo que hablada de los intermitentes LED…
Quiero decir, que la marca quita el velocímetro del centro para sustituirlo por una pantalla… que muestra el velocímetro. Por mi bien pero… Bueno, ahí lo dejo.
De todas formas es configurable (no mucho) y la información mostrada se hace de manera clara y completa. Un vistazo y sabes a qué velocidad vas, cuánta gasolina te queda, cuánto estas gastando, la temperatura del motor, sus revoluciones y cuál es el dichoso límite de la vía por la circulas. Todo en menos de dos segundos, cosa imposible en la mayoría de los coches que probamos últimamente, cuyos cuadros digitales son una mezcla entre la pantalla de diagnosis de un Boing 787 y un mapa medieval del tesoro.
Para reforzar esa idea de puesto de mandos bien pensado, el Mazda nos obsequia con una botonera a nuestra izquierda en la que a golpe de tecla podemos desactivar en menos de los que se tarda en decir “desactivar” los molestos pitidos de los intrusivos sistemas de asistencia obligatorios por normativa.
La parte central del salpicadero la ocupa, en su parte alta, la pantalla de 10,25 pulgadas (un tanto pequeña, un tanto alejada) referente al equipo multimedia, con navegador de serie y un equipo de sonido con ecualizador gráfico de 13 canales. No veía uno desde finales de los ochenta. Para los que no sepáis lo que es simplificaré explicando que es como el control de graves, medios y agudos, llevado a nivel cuasi profesional.
El climatizador no es tal, sino un sencillo y solvente equipo de aire acondicionado que funciona de maravilla y calienta super rápido el habitáculo. Si quieres climatizador tendrás que recurrir al nivel siguiente de equipamiento. A mi con esto me vale, la verdad. Aunque reconozco que me hubiese gustado contar con calefacción en los asientos en estos días tan fríos…
Superadas las salidas de ventilación llegamos a un hueco donde dejar/cargar el móvil, un par de posavasos y, ya entre los asientos, tras la palanca de cambios encontramos una rosca que opera sobre el multimedia, funcionando la mar de bien y haciéndolo todo requetesencillo.
Sólo queda mencionar el apoyabrazos forrado con una más que decente capacidad en su interior.
Todos los materiales están un punto (o punto y medio) por encima de lo esperado en un compacto de su precio siendo su tacto y sus ajustes sencillamente sobresalientes. Sí que es verdad que tengo una pequeña queja: los acabados negro piano. Son imposibles de mantener limpios más de 30 segundos.

El espacio trasero no es para tirar cohetes, no olvidemos el segmento en el que nos encontramos a pesar de conducir un coche “con culo”. Dos adultos irán bien, tres… pues no tanto.
Al utilizar la misma plataforma que otros Mazda con tracción a las cuatro ruedas, tenemos que lidiar con el resalto del túnel central que condiciona el confort de las piernas de los pasajeros. Nada terrible, pero digno de ser tenido en cuenta.
Al menos la caída del techo no es muy acusada, dejando suficiente espacio para la cabeza.
El maletero es un sencillo y sincero hueco de 450 litros, una medida reseñable. La boca de carga no es muy grande y los brazos que levantan la tapa estorban un tanto a la hora de intentar introducir objetos voluminosos.
Los respaldos se abaten mediante un par de prácticos mandos muy accesibles situados muy a la vista.

Dicho esto, entramos en harina.
Bajó el capó de este Mazda encontramos un “enorme” motor atmosférico de cuatro cilindros, de ni más ni menos que de 2.5L de cilindrada. Si nos quedásemos sólo ahí pensaríamos en consumos por encima de los 9 litros de media y emisiones por encima de los 195 gr/km. Sin embargo, este coche se conforma con 5,9 litros a los 100 kms y emite menos de 130 gr/km, lo que le otorga la etiqueta ECO de la DGT.
¿Cómo?

Bien, para empezar diremos que es un motor tranquilo. Su régimen de potencia máxima (140CV) de obtiene a tan sólo 5.000 rpm, es decir, como un diesel. Su relación de compresión es de 13/1 y, como ya comenté, la inyección suministra una mezcla muy pobre de gasolina a medio/bajo régimen (que suele ser la mayor parte del tiempo) sin que el motor rechiste. También hay que contar con un mínimo apoyo eléctrico (por eso lo de la “e”) en forma de generador de corriente eléctrica de 24v alimentado por una pequeña batería de 0,17 kwh situada en los bajos del maletero.
Así, podríamos tomar al Mazda 3 e-Skyactiv-G como un “híbrido ligero al uso”, lo que no sería faltar a la verdad, sin embargo, es mucho más.

Nada más arrancar el motor (a todo esto, con una llave que hay que acercar al botón de encendido, no basta con tenerla en el bolsillo) se percibe un sonido que denota que no estamos ante un motor ridículo de tres o cuatro cilindros y cubicaje de motocicleta. No, se nota que hay “chicha” frente a nosotros. Y suena bonito, tanto que Mazda ofrece una salida de escape deportiva en su lista de opcionales para redondear algo más la armonía.

Accionamos marcha atrás y vemos por la cámara (de serie) cómo nuestros dos escapes dejan escapar sendas nubes de vapor merced a la humedad en el ambiente y el frío invernal.
Maniobramos con destreza pues tiene buen ángulo de giro y gran visibilidad y emprendemos camino. La temperatura exterior es inferior a los 2 grados y nos complace comprobar cómo la ventilación comienza a soplar aire caliente al interior en apenas tres minutos y de que el dichoso sistema start/stop nos deja tranquilos, al menos hasta que el motor coja temperatura. De todas formas, se puede desconectar a golpe de tecla, a la izquierda del volante, donde ya comenté.
Entretanto vamos subiendo marchas, sin prisa y sin más drama que el tacto algo pastoso del embrague de esta unidad que, por su kilometraje, claramente ha pasado ya por muchas manos y muchos pies izquierdos.
Constatamos que el japonés no tiene unos grandes bajos pero basta con pisar un poco el acelerador para llevar la aguja del tacómetro a las 2.000 vueltas para que el coche se sienta en su salsa. No hay modos de conducción en este acabado. Tu pie derecho decide lo deportivo o lo económico que vas.
Y escogerás lo primero, porque el chasis del 3 es una gozada. Incluso en esta variante básica y cuatro puertas se le notan las maneras.

La dirección es rápida y directa, frena bien, bachea sin perder la compostura, aunque yo creo que podría ir algo mejor con un poco más de rueda.
La caja de cambios de 6 velocidades está bien escalonada, con las dos primeras relaciones algo largas para suplir la falta de mordiente del coche a bajas revoluciones. El manejo es preciso con recorridos cortos de palanca y bien marcados.
El motor es una gozada. Son “sólo” 140CV pero rinden de manera extraordinaria. Una vez lanzado, el interior es silencioso, y sólo escuchas un atractivo bramido si elevas el ritmo.
Por lo demás, es un coche moderno con el tacto de uno de hace 20 años, antes de que casi todos se volvieran tan aburridos de conducir. Y es que, ciertamente, más allá de su fantástica relación calidad/precio, es un modelo para los que les gusta conducir.
Así, pongo entre poco y ningún cuidado en nuestro recorrido mixto de consumo. Me gusta como va, me da igual lo que “se beba”. Y la sorpresa salta cuando verificamos el dato: 6,2 litros de media reales. Y os juro que no fui despacio.
A lo largo de la semana conseguimos bajar incluso una décima, tal vez se pueda ir a más (a menos, mejor dicho), pero sinceramente, no merece la pena intentarlo.
Es un automóvil tan gratificante de conducir que le perdonas con gusto ese pequeñísimo desfase con respecto a los datos oficiales.

Un Mazda cuya eficiencia mecánica da la razón al camino escogido por la marca y, cuya dinámica de conducción marca así mismo el triunfo del corazón.
Y si necesitas más motivos para valorarlo, te diré que esta versión está a la venta por menos de 27.000 euros, y que su equipamiento de serie, a pesar de tratarse de un modelo de acceso, ya contempla añadidos que en otras marcas más caras son opción, como en head-up display, un buen equipo de sonido o el mencionado navegador.
En definitiva y según voy mirando sus informes y datos de ventas, un éxito de crítica –a la que me sumo- y de público, del todo merecido para este Mazda. Incluso no descartaría que en su día, uno de estos ocupe un lugar en mi garaje.
NUESTRA NOTA: 9.5
Cosas a favor
Rendimiento y eficiencia mecánica
Fantástica dinámica de conducción
Relación calidad/precio/equipamiento
Cosas en contra
Detalles negro piano
Plazas traseras justas
Tacto blando de embrague

MOTOR
- Cilindrada: 2.488 c.c.
- Potencia: 140 CV CEE
- Par: 238 NM
- Tracción: delantera
- Caja de cambios: manual 6 velocidades

Dimensiones
- Largo/ancho/alto: 466/179/144 cms
- Peso: 1.420 kgs
- Ruedas: 205/60R16
- Maletero: 450 l
- Cap. Depósito: 51 l

Prestaciones
- Velocidad máxima: 205 km/h
- Aceleración 0-100km/h: 9,5 seg
- Consumo medio oficial: 5,9 l/100 kms

Equipamiento
- Equipamiento: ABS, BAS, EDB, ESP, TCS, 6 airbags +de rodilla conductor, frenada de emergencia, alerta de cambio de carril, lector de señales de tráfico, control de crucero adaptativo, cámara de visión trasera, faros LED, sensores de luces y de lluvia, head up display, ordenador de viaje, aire acondicionado, lector de señales de tráfico, avisador de fatiga, apple carplay / android auto, navegador, pantalla multimedia de 10,25" Mazda Connect, alarma...







































