Nissan Juke Hybrid
" Normalizado "
La estética del simpático Nissan Juke fue, desde su lanzamiento, un asunto controvertido para muchos. Pretendía ser rompedor y lo logró. Sin embargo, con el paso de los años tanto su imagen como su mecánica se han ido normalizando.
A mí de siempre el Juke me pareció un coche original. Era un SUV pequeño con una pinta muy rara y cuya puesta apunto del chasis lo alejaba de la competencia más generalista. Recuerdo haber disfrutado probando un Juke Nismo hace años, que además enfrentamos a todo un Peugeot 206 GTI saldándose con victoria para el nipón. Más vivo, más directo, más pasional, más versátil, más barato, mejor equipado y… como dije, más original.

Pero el tiempo pasa y ese punto dinámico se ha ido diluyendo en base a normativas y nuevos gustos y requerimientos de los consumidores, amén de la competencia, despiadada en el segmento. Así, cuando la marca renovó el modelo este perdió algo de su esencia a favor de una imagen más cuidada y un manejo más “normal”, buscando agradar a la mayor parte del público.
Pero seguía siendo un “yuki”, con sus virtudes y sus defectos.
En esto que llegamos a su obligado “restyling” y, dado que los motores hibridados se han hecho comunes entre sus rivales, Nissan tira de “banco de propulsores” y le encaja a su coche el fiable grupo híbrido proveniente de Renault, y que por ejemplo usó el Clío hasta hace bien poquito. Lo normal. Como digo.

Junto a esta nueva opción mecánica (también se conserva un gasolina convencional de 114CV) se introducen pequeñísimas modificaciones estéticas en el exterior, a saber: nueva parrilla, nuevos colores y nuevas llantas de aleación. Nuestra bonita unidad de pruebas es la llamada “Red Edition”, blanca, roja, con ruedas negras y una orgullosa bandera de Japón en las aletas, aunque el coche se fabrique en Inglaterra…
La verdad es que es resultón.
Así puesto parece un pequeño deportivo. Me acuerdo del Nismo. ¿Seguirá ahí algo de aquel? Luego lo vemos.
Lo que ahora viene al caso comentar es que el Juke es un coche que, visto desde fuera, parece más pequeño de lo que en realidad es. O sea, es un coche de 420 x 180 centímetros (largo por ancho), pero parece más pequeño cuando por dentro es más grande. Yo creo que es por lo recortado de sus voladizos, la caída del techo, el ensanchamiento de sus pasos de rueda o el pequeño tamaño de sus puertas y ventanillas traseras. Bueno, pues vamos dentro.

Con la actualización del modelo se aprovechó para modificar las salidas de aire centrales, ahora más “normales”, también. Se mejoró el interfaz del equipo multimedia –más rápido, más fácil- y se giró un poco la pantalla hacia el conductor. Hablando de pantallas, también se incluye una nueva para instrumentación, muy completa y muy visible. Así mismo ahora se incluye conectividad sin cables, tanto para Apple como para Android.

Lo demás, más allá de los acabados de esta unidad en concreto (cuero sintético, una especie de ante forrando el salpicadero y dobles costuras rojas por doquier), es ya conocido, como esos asientos tan fantásticos para conductor y acompañante. Son ciertamente deportivos, con muy buenas sujeciones, a la par que cómodos y grandes. Muy gracioso también lo de integrar los altavoces del sistema de sonido Bosé –de serie- en los apoyacabezas a modo de “cascos”.
Y esa “poca más novedad por aquí” se convierte sin querer en frescura al salirse de la norma. Me explico: en el Juke todavía hay un climatizador con mandos independientes, hay botones reales para las funciones más importantes y se conserva una gran palanca de cambios. De la vieja escuela. Bendito “anacronismo”. Así, efectivamente, el pequeño Nissan no es uno de los modelos más “modernos”, pero sí de los mejor pensados. Sin hacer nada. Dejando las cosas como son y en su sitio. Punto.

La ergonomía resulta muy buena. Sólo me quejaré de un volante un tanto tendido para mi gusto, pero nada más. Espera, sí hay algo más, la visibilidad trasera. Que es regular tirando a mala. Menos mal que el coche viene con cámaras y sensores.
Las plazas traseras, como decía, resultan mayores de lo esperado, y es que la puerta es muy pequeña y la ventanilla es un ventanuco. Sin embargo una vez dentro descubrimos que pasajeros de hasta metro ochenta viajan cómodos. Si son dos, claro, porque si son seis además de ilegal será harto complicado.
Hay sitio para los pies y sitio para la cabeza. Si hay una cota escasa es la del ancho. Tres pasajeros irán apretados y si se nos ocurre montar una sillita infantil ni te cuento. Por cierto, no hay apoyabrazos central atrás. Casi nunca me fijo, pero en esta ocasión se me “quejó” un pasajero.

El maletero es lo que hay. En un coche de su segmento y tamaño no esperemos encontrar la cueva de Alí-Babá. Sobre todo cuando se ha tenido que hacer espacio para las baterías del sistema híbrido, aunque van montadas en el hueco del túnel de transmisión, ha habido que levantar el suelo del portamaletas. Son 354 litros de capacidad. Suficiente. Pero cerca de ochenta menos que la versión de propulsión convencional.
El plano de carga queda cerca del suelo, la boca es holgada y accionamiento de la tapa es manual.

Venga. Vamos a ponernos en marcha.
Con temperatura “razonable” y suficiente carga en la batería, el Juke se pone en marcha en modo eléctrico. Hablando de modos, los disponibles para este coche son sólo tres: Standard, Sport y Eco, con una función añadida de funcionamiento en EV forzado, poco interesante pues el pequeño híbrido apenas tiene batería, de 0,85 kwh útiles de capacidad, para moverse más allá de un kilómetro sin arrancar el motor de combustión, y eso siendo muy suaves con el acelerador.
Eso, lo de conducir suavemente, no me ha sido sencillo con este coche durante los días de prueba, porque la verdad es que algo de ese “antiguo” Juke con ese toque Nismo queda en esta iteración. El chasis se enfoca claramente más hacia el dinamismo que hacia el confort. El Nissan curvea que da gusto, sea en ciudad o en carretera abierta, frena muy bien y el agarre es soberbio, sin duda gracias a los neumáticos para negra en medidas generosas que montaba nuestra unidad.

La dirección está bien calibrada, con la asistencia justa, y el cambio… bueno, una transmisión “rara” de cuatro velocidades por pares de engranajes, pues hace lo que puede. Los 143 CV combinados (94 de combustión y 49 eléctricos) mueven de sobra el coche. No es un modelo rápido en cuanto a prestaciones, que son más bien discretas, pero sí ágil en el manejo.
Otra cosa es sacar al Juke a vías rápidas. No es que el coche no tenga aplomo, que lo tiene, es que a velocidades superiores a los 110 km/h se empiezan a filtrar tanto ruidos aerodinámicos como mecánicos al interior, lo que estropea un tanto la experiencia. No va mal, ni mucho menos, pero no es su “rollo”.

El consumo medio real que hemos logrado en nuestro recorrido mixto de pruebas ha sido alto para tratarse de un híbrido: 7,1 litros a los 100 kms recorridos. Quizá penalizado por el largo tramo de autopista que cubrimos en la muestra.

En su descargo hay que decir que durante los más de 400 kms del resto de la prueba, fundamentalmente urbanos e interurbanos, el consumo de nuestro Juke se quedó en unos más razonables 6 litros. De las transiciones entre gasolina y electricidad, poco que decir. Hay híbridos más suaves pero también los he probado más ásperos. El sistema funciona como se espera. Sin más.

Queda por valorar precio y equipamiento. Los 30.900 euros de la tarifa –sin contar descuentos- nos brindan un coche atractivo, agradable de conducir “ligero” y con un equipamiento completo, aunque es cierto que yo eché de menos la calefacción de los asientos. No está a la última pero ni falta que hace, sigue siendo un modelo original con cierta versatilidad y cuenta con pegatina ECO de la DGT.

Pero el tiempo pasa y ese punto dinámico se ha ido diluyendo en base a normativas y nuevos gustos y requerimientos de los consumidores, amén de la competencia, despiadada en el segmento. Así, cuando la marca renovó el modelo este perdió algo de su esencia a favor de una imagen más cuidada y un manejo más “normal”, buscando agradar a la mayor parte del público.
Pero seguía siendo un “yuki”, con sus virtudes y sus defectos.
En esto que llegamos a su obligado “restyling” y, dado que los motores hibridados se han hecho comunes entre sus rivales, Nissan tira de “banco de propulsores” y le encaja a su coche el fiable grupo híbrido proveniente de Renault, y que por ejemplo usó el Clío hasta hace bien poquito. Lo normal. Como digo.

Junto a esta nueva opción mecánica (también se conserva un gasolina convencional de 114CV) se introducen pequeñísimas modificaciones estéticas en el exterior, a saber: nueva parrilla, nuevos colores y nuevas llantas de aleación. Nuestra bonita unidad de pruebas es la llamada “Red Edition”, blanca, roja, con ruedas negras y una orgullosa bandera de Japón en las aletas, aunque el coche se fabrique en Inglaterra…
La verdad es que es resultón.
Así puesto parece un pequeño deportivo. Me acuerdo del Nismo. ¿Seguirá ahí algo de aquel? Luego lo vemos.
Lo que ahora viene al caso comentar es que el Juke es un coche que, visto desde fuera, parece más pequeño de lo que en realidad es. O sea, es un coche de 420 x 180 centímetros (largo por ancho), pero parece más pequeño cuando por dentro es más grande. Yo creo que es por lo recortado de sus voladizos, la caída del techo, el ensanchamiento de sus pasos de rueda o el pequeño tamaño de sus puertas y ventanillas traseras. Bueno, pues vamos dentro.

Con la actualización del modelo se aprovechó para modificar las salidas de aire centrales, ahora más “normales”, también. Se mejoró el interfaz del equipo multimedia –más rápido, más fácil- y se giró un poco la pantalla hacia el conductor. Hablando de pantallas, también se incluye una nueva para instrumentación, muy completa y muy visible. Así mismo ahora se incluye conectividad sin cables, tanto para Apple como para Android.

Lo demás, más allá de los acabados de esta unidad en concreto (cuero sintético, una especie de ante forrando el salpicadero y dobles costuras rojas por doquier), es ya conocido, como esos asientos tan fantásticos para conductor y acompañante. Son ciertamente deportivos, con muy buenas sujeciones, a la par que cómodos y grandes. Muy gracioso también lo de integrar los altavoces del sistema de sonido Bosé –de serie- en los apoyacabezas a modo de “cascos”.
Y esa “poca más novedad por aquí” se convierte sin querer en frescura al salirse de la norma. Me explico: en el Juke todavía hay un climatizador con mandos independientes, hay botones reales para las funciones más importantes y se conserva una gran palanca de cambios. De la vieja escuela. Bendito “anacronismo”. Así, efectivamente, el pequeño Nissan no es uno de los modelos más “modernos”, pero sí de los mejor pensados. Sin hacer nada. Dejando las cosas como son y en su sitio. Punto.

La ergonomía resulta muy buena. Sólo me quejaré de un volante un tanto tendido para mi gusto, pero nada más. Espera, sí hay algo más, la visibilidad trasera. Que es regular tirando a mala. Menos mal que el coche viene con cámaras y sensores.
Las plazas traseras, como decía, resultan mayores de lo esperado, y es que la puerta es muy pequeña y la ventanilla es un ventanuco. Sin embargo una vez dentro descubrimos que pasajeros de hasta metro ochenta viajan cómodos. Si son dos, claro, porque si son seis además de ilegal será harto complicado.
Hay sitio para los pies y sitio para la cabeza. Si hay una cota escasa es la del ancho. Tres pasajeros irán apretados y si se nos ocurre montar una sillita infantil ni te cuento. Por cierto, no hay apoyabrazos central atrás. Casi nunca me fijo, pero en esta ocasión se me “quejó” un pasajero.

El maletero es lo que hay. En un coche de su segmento y tamaño no esperemos encontrar la cueva de Alí-Babá. Sobre todo cuando se ha tenido que hacer espacio para las baterías del sistema híbrido, aunque van montadas en el hueco del túnel de transmisión, ha habido que levantar el suelo del portamaletas. Son 354 litros de capacidad. Suficiente. Pero cerca de ochenta menos que la versión de propulsión convencional.
El plano de carga queda cerca del suelo, la boca es holgada y accionamiento de la tapa es manual.

Venga. Vamos a ponernos en marcha.
Con temperatura “razonable” y suficiente carga en la batería, el Juke se pone en marcha en modo eléctrico. Hablando de modos, los disponibles para este coche son sólo tres: Standard, Sport y Eco, con una función añadida de funcionamiento en EV forzado, poco interesante pues el pequeño híbrido apenas tiene batería, de 0,85 kwh útiles de capacidad, para moverse más allá de un kilómetro sin arrancar el motor de combustión, y eso siendo muy suaves con el acelerador.
Eso, lo de conducir suavemente, no me ha sido sencillo con este coche durante los días de prueba, porque la verdad es que algo de ese “antiguo” Juke con ese toque Nismo queda en esta iteración. El chasis se enfoca claramente más hacia el dinamismo que hacia el confort. El Nissan curvea que da gusto, sea en ciudad o en carretera abierta, frena muy bien y el agarre es soberbio, sin duda gracias a los neumáticos para negra en medidas generosas que montaba nuestra unidad.

La dirección está bien calibrada, con la asistencia justa, y el cambio… bueno, una transmisión “rara” de cuatro velocidades por pares de engranajes, pues hace lo que puede. Los 143 CV combinados (94 de combustión y 49 eléctricos) mueven de sobra el coche. No es un modelo rápido en cuanto a prestaciones, que son más bien discretas, pero sí ágil en el manejo.
Otra cosa es sacar al Juke a vías rápidas. No es que el coche no tenga aplomo, que lo tiene, es que a velocidades superiores a los 110 km/h se empiezan a filtrar tanto ruidos aerodinámicos como mecánicos al interior, lo que estropea un tanto la experiencia. No va mal, ni mucho menos, pero no es su “rollo”.

El consumo medio real que hemos logrado en nuestro recorrido mixto de pruebas ha sido alto para tratarse de un híbrido: 7,1 litros a los 100 kms recorridos. Quizá penalizado por el largo tramo de autopista que cubrimos en la muestra.

En su descargo hay que decir que durante los más de 400 kms del resto de la prueba, fundamentalmente urbanos e interurbanos, el consumo de nuestro Juke se quedó en unos más razonables 6 litros. De las transiciones entre gasolina y electricidad, poco que decir. Hay híbridos más suaves pero también los he probado más ásperos. El sistema funciona como se espera. Sin más.

Queda por valorar precio y equipamiento. Los 30.900 euros de la tarifa –sin contar descuentos- nos brindan un coche atractivo, agradable de conducir “ligero” y con un equipamiento completo, aunque es cierto que yo eché de menos la calefacción de los asientos. No está a la última pero ni falta que hace, sigue siendo un modelo original con cierta versatilidad y cuenta con pegatina ECO de la DGT.
NUESTRA NOTA: 8
Cosas a favor
Estética original
Comportamiento dinámico
Interior actualizado sin excesos
Cosas en contra
Anchura plazas traseras
Capacidad de maletero mermada
Consumo en vías rápidas

MOTOR
- Cilindrada: 1.598 c.c.
- Potencia: 143 CV CEE
- Par: 105 NM
- Tracción: delantera
- Caja de cambios: automática 4 velocidades (más o menos)

Dimensiones
- Largo/ancho/alto: 421/180/159 cms
- Peso: 1.405 kgs
- Ruedas: 225/45R19
- Maletero: 354 l
- Cap. Depósito: 46 l

Prestaciones
- Velocidad máxima: 166 km/h
- Aceleración 0-100km/h: 10,1 seg
- Consumo medio oficial: 4,9 l/100 kms

Equipamiento
- Equipamiento: ABS, BAS, EDB, ESP, TCS, 6 airbags, control de carril, sistema de frenado de emergencia, control de crucero, faros LED, reconocimiento de señales de tráfico, modos de conducción, acceso y arranque sin llave, instrumentación digital, lunas tintadas, cámara de marcha atrás, sensor de luces y limpias, alarma, equipo de sonido Bosé, pantalla multimedia de 12,3", navegador, conectividad apple/android...







































