by AUTODOMINIS

Prueba del Mini Cooper D

Mini Cooper D

" Sin opción al fracaso "

Llega a nuestras manos la enésima reencarnación del simpático Mini. Un coche que, tras su “segunda venida”, se ha ido haciendo más y más moderno a costa de sacrificar algo su esencia. Sin embargo, aún hoy, sigue siendo un Mini.


Siempre diré que los diseñadores con más estrés de cuantos cuajan los departamentos oportunos de cada marca son los encargados de renovar cada X años el Porsche 911 y el Mini.
Su trabajo puede parecer sencillo merced al resultado, pues ambos coches evolucionan lo justo a cada edición, sin embargo, yo pienso que ahí radica la dificultad: cambiarlo todo para que nada cambie. Estropear la leyenda no es una opción. Fracasar en el nuevo modelo está forzosamente descartado.



Por eso hay que hilar muy fino para distinguir este Mini de 2014 de un Mini de 2010, por ejemplo.
Es cierto que basta aparcar el uno junto al otro para apreciar el cambio, pero de manera aislada…
De lo que sí que nos daremos cuenta en seguida es que el Mini ha crecido.
Es más largo, más ancho y algo más alto.
Los 14 cms ganados de parachoques a parachoques también se aprecian en una sensible mayor batalla. Lo que plantea una intriga, ¿habrá perdido este coche su legendaria conducción de kart por ello?
Luego lo veremos, como también nos detendremos en ver cómo ese crecimiento afecta al interior, pero de momento, seguimos por la parte de fuera.
En el frontal, el coche sigue siendo el simpático urbano de siempre con sus dos ojos saltones a modo de faros y la parrilla emblemática que ahora se extiende al paragolpes.
Hablando de grupos ópticos, estos pueden contar con la opción de ser totalmente de Led a imitación de sus hermanos mayores de BMW. En el caso de no ser así, como fue nuestro caso, las luces de día se desplazan a la mitad superior de los antinieblas alojados en el faldón. De una u otra manera, el Mini sigue resultando harto vacilón.



El perfil de coche es puro Mini. Se mantienen las líneas maestras de señor Issigonis y las proporciones de “caja con morro” permanecen inalteradas. También lo hacen las ventanillas sin marco y las 15mil posibilidades de personalización a la hora de combinar el color del techo, los retrovisores, las llantas y la carrocería.
Por cierto, ya que me lo han preguntado bastante, la pintura de nuestro Cooper D era “Moonwalk Silver”, con techo y retrovisores negros y llantas de 16” –opcionales- a juego. Una elección a juzgar por el éxito entre el público, bastante lograda.

En la trasera encontramos otros cambios visibles. Los pilotos se hacen mayores, se reposicionan logos y cromados y, curiosamente, se cambia de lado la salida del tubo de escape.



En definitiva, es más moderno, más grande y más cuidado pero igual de Mini.
En el interior, más de lo mismo.
La ganancia en centímetros no tiene un claro refrendo puertas adentro.
El Mini sigue fiel a su configuración de estricto cuatro plazas, con dos delanteras muy holgadas –la distancia de la cabeza al techo es alucinante- y dos traseras con 65 cms de largo, 121 de ancho y 91 de alto. Es lo que hay, si quieres más, compra un Countryman.
De todas formas, muy seguros tienen que estar en la marca de la suficiencia de las cotas para incorporar desde ya mismo en la gama y por primera vez en su historia, la versión de 5 puertas… la cual, seguramente busque más facilitar la entrada a estos asientos que alardear de espacio.

Respecto al puesto de mandos, luces y sombras. Afortunadamente, más luces que otra cosa, como las que te permiten cambiar de color los Leds de cortesía de techo y puertas. Es una bobada que ya tenía el modelo anterior, pero que gusta y por ello han decidido conservar. Lo que se pierde, es la instrumentación central. Es verdad que era típica y bonita, pero todos acabábamos rigiéndonos por el pequeño velocímetro digital que podía ofrecer el cuentarrevoluciones tras el volante.



Ahora la instrumentación está al frente del conductor, es clara, completa y legible… si eres capaz de graduarte el asiento para ello. Yo, en una semana, por más que he toqueteado todos los reglajes posibles, he sido incapaz de ver la parte superior del velocímetro.
No lo entiendo, porque la postura al volante es bastante buena en términos generales y los asientos logran buena nota en tamaño, mullido y sujeción.
En la parte de la consola central donde antes iba el enorme velocímetro, queda su hueco, rellenado en función del equipamiento por el equipo de música y/o navegador. Nosotros teníamos radio, con cuatro líneas de texto monocromo y una calidad de recepción manifiestamente mejorable. Pero eso no es lo peor, lo que más me escama es que la única manera de tener reproductor de CD es montando el cargador como opción. Si no, a vivir del “pincho”, cuyas conexiones al menos son de serie.

También es de serie la “orla de luz” que adorna el dispositivo, que se ilumina en naranja de inicio y que interactúa al alirón de lo que hagamos con el equipo de música o el climatizador.
Este climatizador bizona es sencillito y muy visual y los accionadores clásicos del modelo se mantienen bajo él –también en el techo-. Un detalle retro que siempre me ha encantado y que ahora suma atractivo al incorporar en su centro una lengüeta de arranque que late esperando tu pulsación.
Junto a la palanca de cambios hay dos posavasos y un freno de mano convencional –bien por BMW-. No hay apoyabrazos ni excesivos huecos, aparte de los de las puertas –que son grandes- y dos guanteras –superior e inferior- frente al pasajero.

La calidad de los materiales y ajustes sí que supera ampliamente la del modelo anterior, y está a años luz por delante de la del veterano del año 2000, todo un prodigio de desajustes y chirridos.



Concluyo esta parte con el maletero, y es que como es chiquito, tiende a olvidarse. Su capacidad ha pasado de los exiguos 160 litros de modelo saliente a unos encomiables 211 reales para este nuevo Mini. Separados en dos niveles y con tapa rígida. La verdad es que dan de sí lo esperado.
Una vez instalados ya a los mandos con todo –más o menos- ajustado apreciamos buena visibilidad hacia el exterior. Mejor, dado el carácter urbano del coche y lo caro de la opción de los sensores de parking que la verdad, en ningún momento eché de menos.

Pisamos embrague, pulsamos botón –no hay que meter la llave en clavija alguna- y el “poderoso” bloque 1.5 diesel de tres cilindros en línea se despereza.
En este nuevo modelo, todos aquellos que no cuenten con una “S” en su denominación (Cooper S, Cooper SD) se habrán de conformar con un motor “impar”. Es la manera de BMW de hacer frente a las restricciones de emisiones –maldita Euro6- y ofrecer un consumo más bajo en sus modelos menos prestacionales.
A 500 c.c. cada cilindro, han dado con la solución modular que permite agrandar o empequeñecer cada propulsor. Ahora bien, ¿empequeñecen el coche?
En absoluto. La mayoría de los periodistas del mundo del motor estamos de acuerdo en que BMW es hoy por hoy, el mejor “motorista” del mercado y, cuando apuesta por algo en esta dirección, lo hace a sabiendas de que el resultado va a agradar a crítica y público, sobre todo cuando se monta en un modelo tan asentado y admirado como es el Mini, donde no cabe el error (más por su legado que por su tamaño).



Por todo ello, el funcionamiento de este tricilíndrico tenía que igualar o incluso superar al de un tetracilíndrico convencional. En cuanto a agrado de uso, es todo lo agradable que un Mini diesel puede ser. A ver, no nos engañemos, un Mini sonando a barquito de pesca siempre perderá glamour por muy pintón que se vea por fuera.
Lo bueno es que ni suena ni vibra más o peor de lo que lo hacía el coche a gasóleo al que sustituye. El trabajo de aislamiento e insonorización está más que logrado, porque cuando abrimos la tapa del capó sí que se aprecia claramente el meneo del bloque y su sonido para nada embriagador.
Ahora bien, puesto en carretera, a este coche no parece que le falte ningún cilindro en su motor.
El Cooper D, a diferencia del One D, lleva una electrónica específica que convierte la misma mecánica en una más prestacional. Y no sólo hablo de la potencia ganada (92CV del One por 116CV del “Coop”) sino de la manera de entregarla.

La potencia –que yo estimo algo mayor que la anunciada- llega a raudales prácticamente en cualquier marcha y a cualquier régimen, lo que convierte al cuentavueltas en prácticamente un objeto de decoración. Hagamos lo que hagamos el 1.5 siempre empuja con contundencia… hasta que se agota relativamente pronto, algo por debajo de las 4.200 rpm. Sin embargo, lo que nos ha dado hasta ese punto, es tanto que seguramente en sexta ya rodaremos a la suficiente velocidad para perder todos los puntos del carnet incluso en autopista, pues los 205 km/h de velocidad punta son una realidad alcanzable casi sin proponértelo.

También hay que decir que hemos bajado dos décimas la marca de aceleración oficial, dejándola en 9 segundos clavados. No está mal para ser un Mini, diesel, y con tres cilindros.
Lo del consumo es otro cantar. Como siempre.
Partimos de la base de que nuestro Cooper D era nuevo a estrenar (7 kms tenía el angelito) y que por ello la medición inicial seguramente le sea desfavorable.
También contemplamos con escepticismo la cifra oficial: 3,5 l/100kms es demasiado poco incluso para un coche con un motor tan “recortado”.
Total, que nuestra medición con 960kms ya en el marcador –sí, le hicimos un buen rodaje…- quedó establecida en un promedio de 5,2 litros a los 104 kms de nuestro recorrido de pruebas. No sé. A mí me parece bien, pero es que un BMW 118d (motor dos litros, 4 cilindros y 143CV) dejó la marca en 5,1 en la misma prueba no hace mucho tiempo atrás… Cosas del downsizing, supongo. Un proceder que en las pruebas de homologación triunfa casi tanto como fracasa en la vida real.
De todas formas, insisto, el Mini estaba aún demasiado nuevo y doy por seguro que la cifra media real con el paso del tiempo quedará por debajo de los cinco litros de consumo. En cuanto coja confianza un sistema start and stop algo dubitativo.



Respecto al comportamiento dinámico del Mini, poco que objetar. Sigue siendo un Mini, por mucho que haya crecido y los años que hayan pasado.
El aumento de batalla no parece comprometer la agilidad del coche, que sigue siendo encomiable en territorio urbano y carretera secundaria, pero sí que aporta un plus de aplomo a la hora de mantener cruceros elevados en autovía y autopista.

La suspensión peca de seca, sobre todo su tren trasero, lo que resta enteros a la comodidad. Mis compañeros que han probado Minis con la suspensión pilotada en opción insisten en que con este caro accesorio montado, el rebote no sólo no se dulcifica sino que incluso aumenta. No me quiero ni imaginar cómo irá con los muelles deportivos que también se ofertan…

Claro, que esa merma del confort encuentra su compensación en unos pasos por curva endiabladamente rápidos al virar casi plano como una tabla. La trasera de este nuevo modelo es quizá algo menos “juguetona” que la de productos anteriores, pero al conducir buscando sus límites sí que he podido observa que, aunque es un coche subvirador por definición, el eje de atrás esporádicamente puede exhibir un leve deslizamiento que ayuda a redondear la curva.
Supongo que en las versiones Cooper S con estabilizadoras más gruesas –y más chicha bajo el acelerador- esta tendencia será más acusada.

La dirección es más bien durita, tanto en maniobra como en marcha. Su amplio radio de giro le permite cambiar de dirección en un metro cuadrado al más puro estilo de taxi inglés –los LTi, no los Nissan NV de ahora-.



Su caja de cambios es tan rápida como certera, pero con todo el par disponible en nuestro Cooper D desde casi ralentí hasta las 3.750 vueltas… vas a usar más bien poco la palanca. En quinta y sexta velocidad callejea como un cohete… hasta el siguiente semáforo, donde habrá que tirar de frenos. Y ojo con ellos. Son potentes, resistentes y fácilmente dosificables, pero en frenadas a fondo el coche se descoloca más de lo esperado, como si se asustara o no tuviera fe en sí mismo.
Es cuestión de entenderse con él y llegado el caso, sujetar fuerte el volante.

Acabo ya pasando lista a su equipo de serie, precio y competencia.
De lo primero no se puede esperar demasiado viniendo de quien viene, la BMW, cicutas en el equipo de confort como pocas marcas. De lo segundo, lo contrario, en base al mismo origen su tarifa irá acorde y los 22.100 euros que nos piden por un Mini Cooper D no son poca cosa, sobre todo a nada que tires de opcionales y aproveches sus múltiples posibilidades de personalización. Baste como ejemplo que el Mini que veis en las fotos sale por 25.300. Eso sin franjas, ni navegador, ni faros leds ni nada.
Respecto a la competencia… gracias al marchamo que implica su nombre, esta tristemente apenas queda reducida a la nada. Como dicen algunos por ahí, “puedes tener un coche pequeño… o puedes tener un Mini”.





NUESTRA NOTA: 9
Valoracion prueba 9
Cosas a favor

Motor solvente
Diseño interior y exterior
Comportamiento dinámico atractivo

Cosas en contra

Suspensión seca
Espacio para las piernas atrás
Caro y con muchas opciones

motor
MOTOR
  • Cilindrada: 1.496 c.c.
  • Potencia: 116 CV CEE
  • Par: 270 NM
  • Tracción: delantera
  • Caja de cambios: manual 6 velocidades
dimensiones
Dimensiones
  • Largo/ancho/alto: 382/127/141 cms
  • Peso: 1.210 kgs
  • Ruedas: 195/55R16 (Op.)
  • Maletero: 211 l
  • Cap. Depósito: 44 l
prestaciones
Prestaciones
  • Velocidad máxima: 205 km/h
  • Aceleración 0-100km/h: 9,2 seg
  • Consumo medio oficial: 3,5 l/100kms
equipamiento
Equipamiento
  • Equipamiento: ABS, BAS, EDB, ESP, CDC, Hill Holder, 6 airbags, arranque por botón, climatizador bizona, control de presión de neumáticos, faros antiniebla, ordenador de a bordo, radio CD con toma AUX y USB, maletero con doble fondo, asiento trasero abatible por partes, spoiler, volante de cuero, retrovisores eléctricos...

"Bonus Gallery"
Fotografías del Mini Cooper D

  • Por mucho que sus diseñadores le laven la cara cada ciertos años... el Mini sigue pareciendo un Mini

    Por mucho que sus diseñadores le laven la cara cada ciertos años... el Mini sigue pareciendo un Mini
  • El gran velocímetro deja paso a la estación multimedia. Tan visible como vistosa

    El gran velocímetro deja paso a la estación multimedia. Tan visible como vistosa
  • Tras abrir las puertas, el botón de encendido late ansioso esperando tu pulsación

    Tras abrir las puertas, el botón de encendido late ansioso esperando tu pulsación
  • Clásica botonera en el techo. Encienden y apagan las luces así como cambian su color

    Clásica botonera en el techo. Encienden y apagan las luces así como cambian su color
  • Con sólo tres cilindros, el motor de este Mini no es ni mucho menos, un minimotor...

    Con sólo tres cilindros, el motor de este Mini no es ni mucho menos, un minimotor...
  • Esa D quizá nos indique que no estamos ante el Mini más divertido... pero créeme, no hay Mini aburrido

    Esa D quizá nos indique que no estamos ante el Mini más divertido... pero créeme, no hay Mini aburrido
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